sábado, 2 de junio de 2012

EL TESTAMENTO Y FUNDACIÓN DE LA ESCUELA Y CAPELLANÍA DE GODELLA

TESTAMENTO Y FUNDACIÓN DE LA ESCUELA
Y CAPELLANÍA DE GODELLA
      Aunque el tema de este artículo no pertenece a la época de mi Crónica, hemos creído necesario transcribirlo, dada la transcendencia que tuvo en todo el municipio, concretamente en el pueblo de Godella de la parroquia de Miudes, durante el siglo IX y principios del XX. Se trata de una importante –en aquellos tiempos- fundación religiosa y para la enseñanza, llevada a efecto por el sacerdote de la casa de Hipólito, D. Fernando Antonio Díaz Ron. Este cura había emigrado a Méjico, de donde regresó con una pequeña fortuna con la que compró varias fincas en Mohías, Cartavio y Miudes, una de ellas en el referido barrio de Godella, en cuyo terreno construyó su casa y una capilla dedicada a San Fernando. El día 11 de mayo de 1820, D. Fernando, hallándose gravemente enfermo, hizo testamento en su propia casa, testamento que entregó cerrado al escribano del concejo, D. Bernardo Trelles, en el que dejaba –según se pudo saber al abrir el citado documento, del cual damos constancia- su casa para escuela y habitación para el maestro o maestra, y las rentas de las fincas para pagar los gastos del maestro que hubiera y la capellanía, siempre con ciertas condiciones que expone en el referido testamento.
      Por la importancia que tuvo esta escuela en aquella época, ya que era la única de la parroquia y quizás del concejo, a parte de que los maestros eran pagados casi por caridad, a continuación damos descripción literal completa –aunque resulte un tanto retórica- del curioso testamento, respetando su redacción original.
      Constancia del testamento:
      “ Segismundo Pérez García, notario del ilustre Colegio de Oviedo, con residencia en esta villa, doy fe:
Que con el número que se expresa de mi protocolo general corriente de instrumentos públicos, su fecha 18 del actual, consta protocolizado el testamento reconstituido, otorgado por Don Fernando Antonio Díaz y Ron el 26 de noviembre de 1820, en el lugar de Godella, concejo de El Franco (esta fecha debe referirse a cuando se abrió el testamento). La copia simple del testamento, la solicitud para su reconstrucción y el acta de protocolización son total y literalmente como sigue:
      En el lugar de Godella, concejo de El Franco, a once de mayo de mil ochocientos y veinte, D. Fernando Antonio Díaz Ron, Presbítero, vecino de este lugar me entregó a mí Escribano de nmro. (número) De este concejo, el presente pliego cerrado, expresando que dentro de él está su testamento y última disposición; y quiere que después de su fallecimiento se abra, publique y se guarde cumpla y execute invielablemente todo cuanto en él tiene dispuesto, como su testamento y última voluntad, o como mejor haya lugar en dro y anula y revoca otro qualescqa, (cualquiera) que antes de este haya hecho por escrito o en otra cualquiera forma. Así lo dijo y otorgó en su sano juicio y entendimiento siendo testigos llamados y rogados el licdo. (licenciado) D. Juan Méndez Villamil, presro, (presbítero) de Miudeira, D. José Fernández Campa, cura propio de esta parroquia, D. José Pérez Campoamor, Regidor primo, (primero) de este concejo, D. Juan Martínez, del lugar de Villar, Bernardo Fernz, su hijo Nicolás, y Josef Valdés, y Juan Fernz, vecinos de este lugar, a quienes y otorgante conozco, no firma éste por indisposición de la mano, hacelo a su ruego un testigo y lo firman todos los que saben y por los que no uno de los otros, de todo lo cual yo Escribano signándolo doy fe –Testigo a ruego: Juan Villamil –Testigo: José Bernardo Baldés- Juan Martnz: Josef Fernz Campa –Bernardo Fernz: Josef Fernz Campa –Testigo: Nicolas Fernz- Signado: Bernardo Trelles – Rubricado.
       Testamento:
      “En el nombre de Dios Amen – Sepan cuantos este testamento y última voluntad vieren, como yo D. Antonio Fernando Anto. Díaz y Ron Presvo, hijo lexítimo de D. Josef y de Dña. María Martínez, vecinos que han sido como yo lo soy del lugar de Godella, parroquia de Sta. María de Miudes, concejo del Franco, hallándose enfermo, aunque en uso completo de mis intelectuales potencias, recelando la muerte ordeno mi testamento y última disposición en la manera que sigue: Primeramente creo como cristiano católico en el alto misterio de la Santísima Trinidad tres personas distintas y un solo Dios verdadero, en la encarnación del hijo de Dios. Su muerte y gloriosa resurrección y en todo lo demás que cree, confiesa y enseña la Sat. Madre Iglesia apostólica, romana, en cuia (cuya) firme creencia siempre he vivido y pretesto vivir y morir. Espero de la infinita misericordia de Dios que me ha de perdonar mis culpas, y llevar mi alma a gozar de la eterna bienaventuranza, y para ello pongo mis intercesores a la Soberana Reina de los Ángeles María Santísima a los santos y santas de mi nombre y devoción y a los demás de la corte celestial. Mando que separada mi alma del cuerpo sea mi cadáver amortajado con el hábito de mi seráfico Padre San Francisco y con los demás ornamentos sacerdotales correspondientes, sea sepultado en la iglesia de esta parrqa. (parroquia) muriendo en ella: que a las funciones de entierro, honras y cabo de año asistan todos los señores curas y personas que puedan ser habidos: que además de ellas se hagan en nueve días siguientes al de mi entierro y continuos pudiendo ser otros diez y ocho oficios con los eclesiásticos que puedan ser habidos: que se celebren y apliquen por mi ánima las treinta misas de San Gregorio, y por cada una se de la limosna de seis re. Vn. (seis reales de vellón) que en estas funciones y misas se invierta el dinero que sea preciso y hasta completar la cantidad de veinte mil rs. (reales) que señalo para mi entierro y sufragios se distribuya en misas pagando por cada una que serán rezadas la limosna de cuatro rs. cuia distribución dejo al cargo y prudencia de mis testamentarios: que por una sola vez se den diez y seis rs. Para redención de cautivos y conservación de los santos lugares y lo mismo al hospicio de Oviedo con que los aparto del dre. A mis bienes. Atendiendo á que el omnipotente me ha colmado de fortuna con que adquirí algunos bienes temporales y no tengo herederos forzosos y en consideración á que la Iglesia de esta parroquia de Miúdes no hay obligación de decir más misas que la de pueblo y á que por falta de la de mañana en las parroquias de aldea como esta dejan muchos fieles de oirla en los días en que estan obligados, deseando hacer una caridad en obsequio de dios y de la religión, y en reconocimiento y agradecimiento de lo que el omnipotente me ha favorecido mando que en todos los días en que haya obligación de oir misa se celebre en dicha Iglesia de Santa María de Miúdes una rezada de mañana á la hora que sea mas comoda para los vecinos de la parroquia y parezca mas conveniente al Sr. Cura que es o fuere de ella, y el sacerdote que la celebre la ha de aplicar todos los domingos por mi anima, las demas obligaciones y parientes y en los demas días podrá aplicarla por quien le parezca y para que tenga dotación fija y cierta le señalo diez y ocho hanegas de trigo de renta anual que cobrará el mismo de las personas ó colonos que me la pagan y usan los de Mohías, Cartavio y mas de esta parroquia y concejo que hagan el compléto de las diez y ocho fanegas; y en caso de que ocurra duda sobre si se ha de aplicar á esta obra piadosa la renta de uno o de otro colono la disolverá el Sr. Cura de esta parroquia, y estando vacante el curato, el que haga sus veces; cuía renta no se ha de poder enagenar ni permutar por pretesto, y solo los colonos podrán retraher ó redimir las fincas por que la pagan y con el dinero se comprarán otras inmediatamente que se proporciones para que siempre el sacerdote tenga suficiente dotación; y esta gracia concedo á los colonos de poder volverse a las fincas dando el precio que yo les entregue por “ellas en monedas sonantes y corrientes, haciendo el rescate en las misma especie sin embargo de habermelas vendido para siempre; el Sr. Cura que es o fuere de esta parroquia ha de nombrar el sacerdote para celebrar las misas de mañana en la citada Iglesia y cuidar de que cumpla con su obligación con la mayor puntualidad y advirtiendo falta culpable en el, lo podrá remover y elegir otro, sobre todo lo cual le encargo la conciencia; y si hubiera sacerdote natural y vecino de esta parroquia será preferido en el nombramiento no resistiendolo su conducta, pero considero que tambien esto será estímulo para que algunos traten de ascender al estado sacerdotal, y es en beneficio y aumento de la religión: el expresado Sr. Cura ha de recibir el dinero de alguna finca, sin rescatar por la misma cantidad que me ha costado y no de otra manera, y otorgará escritura de retrocesión y volverá á invertir el dinero en otra, si otras cuanto antes se proporcione, y en caso de no hallarse sacerdote, (aunque no lo espero) que diga las misas de mañana distribuirá el mismo Sr. Cura el rendimiento de las diez y ocho hanegas anuales, en cosas piadosas y de caridad á su arbitrio, entre tanto que se encuentre sacerdote. Mando a Da. Juana Díaz y Ron ahijada mia hija de mi hermano D. Josef de este lugar la primera heredad labradía de dos día de aradura, poco más o menos que se halla en la sienra de abajo del lugar de Parajúa á la parte de Oriente de la casa de francisco Santos que confina por el mediodía con el camino público de dho (dicho) lugar y la adquirí por transación que sobre ella hice con D. Bernardo Trelles, de Miudes; a mi sobrino D. Josef Pérez hijo de D. Pedro del lugar de Perdigueiros le mando un día y tres cuartos de aradura labradíos sitos donde dicen la cortina de Josef Alonso del lugar de Parajúa que se hallan de una pieza y los adquirí por cesión que me hizo D. Nicolas Viña del lugar de Piantes: mando al mismo dos tercios de días de aradura de prado y labradío sitos debajo de la cortiña de la casa en que vive que las adquirí de su padre: mando asimismo a dña. Bernarda Díaz Ron, mi hermana viuda de D. Juan Canel del lugar de Revellón, medio día de aradura labradío sito en la cortiña de Jardón de Parajúa o junto a ella; igualmente, mando a D. Francisco Gra. Veiral de la Molleda de Revellón hijo de mi hermana dña. Rosa medio día de aradura, en la sienra de debajo de dho. De Parajúa que adquirí por venta que me hizo Francisco Santos del mismo lugar.- Item mando a dña. Juana Gra. Veiral, mi sobrina, hija de dha. (dicha) Dña. Rosa, que se halla casada en San Esteban de Tapia, tres cuartos de día de aradura, labradíos en sitos de la sienra de Parajúa, que me vendieron D. Josef Gayol Villamil y su hijo del lugar de Nenín: Item mando a Dña. Teresa mi hermana mujer de D. Francisco Valdés de Parajúa, tres cuartos de día de aradura, de los cinco que se compone la pieza de heredad llamada Rocica en este lugar, que me vendió D. Josef Solar de Piantes; y los otros dos cuartos los mando á mi hermano D. Francisco, casado en Salave del concejo de Castropol, cuias porciones llevarán los dos hermanos bueno con malo: a D. Fernando Fernández Viña, mi sobrino y ahijado, hijo de D. Nicolás del lugar de Piantes, le lego ochocientos rs. Vn. – Item mando a mi sobrima Dña. Josefa Fernández Viña, hija de dho. D. Nicolás, cinco mil rs. de vn., la caldera mediana de cobre, el pote mediano, todos los jarros, cazuelas y más omenage de cocina, una cama de las cuatro mejores de mi casa con su colchón, gergón, dos sábanas, dos almohadas con sus fundas con su colcha blanca y su cobertor; y además se le pagarán los salarios de todo el tiempo que me sirvió y asistió que aun los conserva en mi poder que son doscientos y cuarenta rs. Por cada año; Item mando a mi primo D. Juan Viña de dho lugr. (lugar) de Piantes un día de aradura, labradío sito donde nombran la sucada que me vendió el mismo, que se halla cerca del monte de Villar; a D. Pedro Martz. mi sobrino oriundo de la parroquia de San Esteban de Tapia que se halla en mi compañía sirviéndome cinqa. (cincuenta) ducados y dos tierras situadas en el lugar de Casariego que una la adquirí del licdo. (licenciado) D. Sancho Abadí, cura que fue de San Esteban de Tapia y la otra resultará de la esra (escritura) que pasó ante D. Julían Anto. (Antonio) Monteavaro Esrno. De castropol además de sus salarios: mando que a D. Pedro el maestro que hace la obra en la capilla del Carmen en la iglesia de esta parroquia se le den por caridad y gratificación cuatrocientos y ochenta rs. En cuia cantidad me incluie la en que tengo ajustado el poner en mi capilla el campanario; Por que D. José González del Mazo de la Abelleira, la madre de Joséf Salgado de Bustel, D. Juan Gra. Mernies de Miudeira todos de este concejo, y Domingo, cuio apellido no tengo, presente, vecino de Otur, concejo de Valdés, expresan haber tenido algunos tratos con mi padre de cuias resultas les quedara deviendo algunas cantidades, aunque no me considero en la obligación de pagarlas por no haber llevado ni disfrutado bienes algunos de su herencia, obstante por caridad mando que mis testamentarios la paguen por mis bienes lo que lexitimamente se les deba por este respeto, y si hubiese otro algún acrehedor lexitimo de dho. mi padre quiero que se le pague en la misma forma; porque creo ser estos pagos obra piadosa y en atención a que por el transcurso del tiempo no les sera muy fácil documentar legalmente sus créditos dejo el fallo a la prudencia de mis testamentarios Pa. (para) que si les pareciese justo aunque no están enteramente probadas las deudas las paguen o al contrario, sin que mis herederos puedan reclamar cosa alguna con motivo de esta determinación. Atendiendo a que en esta referida parroquia de Miudes no hay escuela de primeras letras con dotación, de que resulta poca instrucción, pa. (para) que se forme y evite la ignorancia mando que sea para dotación de una escuela la casa en que vivo, con sus entradas, corral, bodegas y más obras junto a ella y así mismo la huerta y hacieda labradía y prado que se halla a la parte del poniente de dha. Casa por donde confina con ella y con camino público sin reserva de parte alguna de toda la pieza, de todo lo cual se dispondrá para con sus rendimientos pueda el maestro enseñar a leer, escribir y contar a los de esta parroquia que quieran concurrir y el nombramiento del Maestro lo hará el expresado Sr. cura que es o fuere imponiéndoles las obligaciones acerca del tiempo y método de enseñanza y pa. (para) ello ha de ser examinado y tener aprobación habilidad pero entre tanto no se establezca la escuela y mientras dha. Dña. Josefa Viña permanezca en el estado de soltera no se le ha de impedir habitar dha. Casa sin exigirle por ella renta alguna. Item mando que en el espacio de ocho años desde mi fallecimiento se ditribuian entre los pobres más necesitados de esta parrq. a la prudencia y discreción del Sr. Cura que es o fuera de ella doce mil rs. De ven. A razón de mil quinientos en cada uno; y cumplidas todas las mandas, legales y determinaciones que dejo hechas es mi voluntad que todo lo restante, así de bienes, haciendas y caudal dros. y acciones fiscasen a mi muerte se dividan en cinco partes iguales y que cada una de ellas sea para mi hermano D. Josef actualmente vecino de Madrid; otra parte para Dña. Juana Díaz también mi hermana, mujer de D. Juan Rodríguez del puerto del lugar de Tapia, concejo de Castropol; otra para Dña. Rosa Díaz mi hermana, mujer de D. Pedro Pérez del lugar de Perdigueiros, entendiéndose de esta parte el usufrututo por sus días; pues la propiedad la ha de reservar y a su fallecimiento ha de ser para sus hijos habidos en los dos matrimonios, y le prohibo á su marido la enagenación y además a éste el que no mezcle en la administración de dha. parte pués ha de correr por ella y con la percepción la expresada mi hermana; y las otras dos quintas partes han de ser y dividirse con igualdad entre mis hermanos D. Josef vecino de este lugar, Dª.. Teresa muger de D. Francisco Valdés, Dª. Bernarda viuda de D. Juan Méndez Canel de este concejo, y D. Francisco, también mi hermano, casado en Salave concejo de Castropol, declaren que varias personas me deben diferentes cantidades de rs. Que resultarán de apuntes y de algunos vales, mi obligación es que obrarán en mi poder las quales mando se cobren. Mando asimismo que en el día de Sn. Fernando de cada año y en los ocho días siguientes el sacerdote que se nombre para celebrar en la Iglesia de Miudes las misas de mañana las celebre en dichos nueve días en la capilla que hice y tengo arrimada a mi casa aplicando en ellas por mi anima y las de mis obligaciones y á este efecto se han de conservar siempre en dicha capilla los ornamentos, caliz y más utensilios que tengo en este destino, sin que heredero alguno pueda reclamarlos.
“Declaro que he comprado a dho. Nicolás Viña de Piantes un prado sito donde nombran la Coba da Veya y mando que el heredero a quien confiera en su parte haya de tomar y recibir del D. Nicolás o sus herederos el precio que le he entregado por el que sea obligado a otorgarles escritura de retrocesión en cualquiera tiempo que se lo devuelva. Así mismo mando que para que tenga debido efecto las limosnas que dejo dispuestas en los ocho años luego que yo fallezca, digo, fallezca, se entreguen a dho. y Sr. cura los doce mil rs. Que quedan referidos y prohibo a todos los donatarios expresados reclamar otra cosa alguna fuera de lo que dejo dispuesto; por si pretendiesen más quiero que por el mismo hecho qualquiera que lo pretenda y no se contente con lo que va expresado no lleve parte alguna de mi herencia y sea la que le había de corresponder para los otros hermanos en la forma que dejo distribuidos mis bienes. Nombre por mis testamentarios a D. Josef Fernández Campa cura propio de esta parroquia y arcipreste de Castropol y al Sr. cura actual de Sn. Cipriano de Arancedo a quienes y a cada uno in solidum doy el poder que por dho. se requiere para que cumplan y hagan cumplir ésta mi disposición y última voluntad apoderándose y vendiendo siendo preciso de mis bienes en almoneda ó fuera de ella los que basten para el cumplimiento de todo prorrogándoles el tiempo de albaceazgo el que necesiten sobre todo lo cual les encargo la conciencia; y en atención a la confianza que me merece el expresado Sr. Arcipreste le encargo que inmediatamente que yo fallezca recoja las llaves y efectos de mi casa y las conserve hasta que se cumpla mi disposición para que cada donatario lleve lo que le corresponda y prohibo a todos y á cada uno de ellos que se las puedan quitar ni apoderarse de ellas ni de mis efectos y herencia entre tanto; por cuio hecho a nada quedará responsable dho. Sr. Arcipreste; y mis documentos y herederos no le podrán obligar a responder de otra cosa alguna más de lo que el les entregue, y si le hicieren, cualquiera que sea mando no se le oiga y quede privado de su legado: y por este testamento revoco y anulo qualquiera disposición que antes de esta haya hecho por escrito, de palabra o de otra cualquiera forma, ps. (pues) quiero que solo esta valga por mi testamento y última voluntad ó como mejor haya lugar el dro. Así lo digo y otrogo en mi casa de habitación del lugar de Godella, concejo del Franco, Principado de Asturias, a once de mayo de mil ochcientos veinte; y por no poder firmar por indisposición de la mano lo hace a mi ruego el Licdº. D. Juan Méndez Vªamil, Presvº vecino del lugar de Miudª. de este concejo”.
      Hasta aquí el original y curioso testamento de D. Fernando. Como puede verse, casi todo el mundo heredó algo de él, ya que dejó dinero para los más pobres de la parroquia, para redención de cautivos, hospicio de Oviedo y los Santos Lugares. Pero, donde está la verdadera obra-fundación de este cura, es en dejar su casa para escuela y las rentas de las fincas para pagar a los maestros que hubiera. Es muy digna de tener en cuenta esta fundación, puesto que en aquellos tiempos no debía haber ninguna –no sólo en Miudes- sino en todo el concejo. Lo que no está claro es si al principio fue mixta o sólo para niñas, ya que sí se sabe, aunque no exactamente la época, que las niñas iban a la escuela de Godella y los niños a una casa, que todavía existe en el lugar llamado Campo D’us Llobos, que está cerca de Godella, en Las Quintas. Luego, mucho más tarde, por los años 1915-20, fueron construidas las escuelas de Miudes en Revellón, donadas por el Padre Montaña, que fueron las primeras del concejo, siendo entonces cuando la escuela de Godella debió pasar a ser mixta, sólo para los niños y niñas de aquella zona de Godella. Pero esto es una suposición, pues no es de pensar que el referido D. Fernando dejara su casa para escuela solamente para niñas, puesto que la del Campo D’us Llobos no reunía las mínimas condiciones y tampoco sería su intención discriminar a los niños.
      Mucho tiempo después, por los años 1950, en el mismo lugar donde estaba la referida fundación, se construyó –ante el mal estado de la que había- una nueva escuela mixta y casa, apoyada económicamente, por el indiano D. Domingo Méndez, emigrante en Cuba. Esta escuela fue inaugurada por el gobernador civil, D. José Labadie Otermín. La orquesta Alonso, muy en boga en aquellos tiempos, interpretó el Himno Nacional y hubo fiesta el resto de la tarde.
Hoy, desgraciadamente, esta ejemplar fundación es casi una ruina. En lo que respeta a la finca, parte de ella pasó a las escuelas de Miudes cuando se efectuó la concentración parcelaria; el resto quedó en el mismo lugar de Godella, para campo de juego de los niños del pueblo. Respecto a las fincas de Mohías y Cartavio, las que no fueron heredadas por nadie, por la de Cartavio, el párroco de Miudes cobra 7.575 ptas. de renta al año, pesetas que son aplicadas para el novenario de misas de san Fernando, según el testamento. De la finca de Mohías no se sabe nada, suponiendo que debió ser camuflada cuando la concentración parcelaria de aquella zona, al no ser reclamada por nadie.

      Cuando esto se escribe se está arreglando el campo y se tiene la intención de restaurar la capilla, local de la escuela y la casa, algo que es de elogiar como recuerdo de la gran importancia histórica y cultural de lo que fue aquella fundación en tan remotos tiempos.
Don Fernando murió en su casa de Godella antes del 26 de noviembre de 1820; y digo antes, porque este día 26 fue cuando se le dio sepultura, unos 198 días después de hacer su caritativo, complicado, original y curioso testamento.

EL COTO DE BOIMOURO EN EL CONCEJO DE EL FRANCO


                                                                    EL  COTO  DE  BOIMOURO
                                                           EN  EL  CONCEJO  DE  EL  FRANCO

      Para los que son de El Franco, puede que este reportaje no les diga mucho, ya que todos conocerán este bello rincón de Boimouro, situado en el extremo sureste de la parroquia de San Juan de Prendonés del concejo de El Franco, que merece la pena visitar o tener conocimiento de él. En El Franco hay mucho que ver que la naturaleza nos ha prodigado; lo que pasa que, a veces, no nos damos cuenta, no lo recordamos, o, simplemente, ya lo damos por sabido desde hace muchos años. Sin embargo, estos lugares olvidados, están allí con toda su poesía, su naturaleza, su tranquilidad y, lo que es más importante, algunos muy bien atendidos. Tal es el lugar de Boimouro al que vamos a visitar, siguiendo la ruta que indicaré para aquellos que no sepan donde está, se hayan olvidado de su existencia, o no sean del concejo. Se puede ir por varios sitios: el más fácil es irnos hasta Arancedo por la carretera comarcal FR-1, de La Caridad a Rozadas; llegamos al puente de Follaranca –después de pasar el Chabolo=Chavolo (lo de Chavolo con “v” , parece ser que al pintor le pareció más fácil ponerlo con “v”, pues el original estaba con “b”)- donde podemos repostar una buena merienda o comida-, a la salida del puente, cogemos por la derecha la pista asfaltada, donde se ve un indicador a Boimouro, Barreiras y La Rebollada, (1ª foto). Ya se ven por la orilla del río, en las curvas, quitamiedos de madera y una pequeña área recreativa (2ª foto), con mesas y unos bancos; protegida del río y la carretera, por una empalizada también de madera. Seguimos la pista, sombreada por grandes alisos, castaños y robles, orillando el río Bao, o Mazo (en la antigüedad llamado también de Las Herrerías), río que pasamos por el rústico puente restaurado (3ª foto), respetando su típica antigüedad, aunque pintado de lila, que nada tiene que ver con el entorno, por lo que ignoro el motivo y de quién sería la idea ¿…?, eso sí, con un paso peatonal por la izquierda, muy bien protegido. A pocos metros ya se ve la primera casa (Foto 8ª), también restaurada por los nuevos dueños, conservando un poco la estructura antigua de los Omaña (ya diremos algo de esto, cuando nos refiramos a la historia de Boimouro). Pasada esta casa, nos encontramos ya dentro de una especie de pequeño paraíso arbolado, algunas casas rehabilitadas, el molino-sierra y herrería (fotos 9 y 10) y la presa por donde iba el agua que la movía; la capilla (fotos 11 y 12), varias señalizaciones, rótulos informativos y algunos edificios que esperan rehabilitación: todo ello limpio y confortable. Es un lugar tranquilo y encantador que invita a la meditación, donde sólo se siente el murmullo del río, llevando sus aguas a Porcía para desembocar en el mar; el piar de algunas aves, un tanto molestas por nuestra presencia, a la que no están acostumbradas; puede, también, emprender la huída algún corzo que, ajeno a todo, pacía por el entorno, subiendo por los escarpados montes que, a un lado y a otro, casi rodean el bello rincón. A la salida se puede ver, a la izquierda, un paso peatonal, atravesando el río, con unas señales que indican a la senda de Villalmarzo y senda verde del río Mazo (foto 7ª). Dentro del pueblín se ven varios letreros informativos, entre los que destaca uno del Principado de Asturias (foto 6) que dice: “Antigua ferrería transformadora de mineral, con ayuda de carbón vegetal y energía hidráulica, con hierro, siguiendo el modelo de la siderurgia preindustrial. Puerto de entrada de mineral foráneo, Viavélez.
     Hace años se transformó, primero en serrería y después en molino harinero de maíz y trigo. Actualmente se conservan el canal, un arco de salida de agua y la casa de la ferrería. Ayuntamiento de El Franco".

      Como se puede apreciar, no es un cartel muy explícito, ya que carece de datos históricos. En el exterior del edificio, donde estaba la sierra, el molino y la herrería, se ve, asido a la fachada, una especie de banderín o cartel de medio metro cuadrado, más o menos, que dice, con letras muy artísticas: “No busques tu camino en los otros o en algún lugar lejano. El camino es hermoso y está bajo tus pies”.

      Antes de entrar un poco en la historia de este escondite, quisiera hacer un breve análisis de su toponimia, si es que puede ser digna de crédito: mirado así sin más, la toponimia de Boimouro parece venir de boi mouro (buey negro); sin embargo, hay opiniones que lo relacionan con Bodo=pozo, pero allí no existe ningún pozo negro ni nada parecido. Por otra parte, parece que existen otros lugares motivados por corrientes de agua, asociadas a leyendas relativas a los bueyes, algo que pudiera ser el caso del antiguo coto de Boimouro, por lo del río y la remota existencia de bueyes en la zona, entre los que pudo haber alguno de color negro que diese nombre a este singular recinto natural. Así ocurre con casi todos los topónimos: nunca se sabe nada cierto, dando lugar a diversos significados confusos. Conviene señalar que COTO significa terreno acotado y señalado para las heredades, en este caso, de los marqueses a quines nos vamos a referir. Hace varios siglos, este coto era señorío de D. Arias de Omaña y Rivadeneira, señor de los cotos de Boimouro (este nombró un merino -Alcalde Mayor- de este coto) y Omañón, Santa María de Villar de Miudes y Padrinán, y de las casas, o palacio de Villar, donde vivió a últimos del siglo XVII. (El palacio de Omaña se encuentra en Cangas del Narcea, originario del siglo XVI y reformado durante los siglos XIX y XX). Luego fue propietario del coto de Boimouro, el marqués de Santa María de Villar, D. Pedro Miranda, aunque fue construido por los marqueses de Quiroga y Losada, pudiendo verse por el exterior, el escudo de armas de 1674, siendo remodelado a finales del siglo XIX, y la capilla de Santiago, cuya festividad se viene celebrando en Villar, todos los años. Algunos autores opinan que el original de este escudo de Villar está representado por un fresno de su color (verde), al que están arrimadas tres lanzas de caballería: una a la derecha y dos a la izquierda; un castillo de plata a la izquierda del árbol, y bordadura de oro, con ocho aspas. La jurisdicción de este palacio ocupaba unos nueve días de aradura (o días de bueyes). Existe la opinión –poco verosímil- de que después pasó a propiedad de unos tales Infanzón, de los que no tengo idea, como no se trate de los Vega Infanzón de Sueiro, pero no obtuve ninguna documentación sobre esto. Lo que sí se sabe, es que existió una relación familiar, o de lo que fuere, entre el coto de Boimouro y el palacio de Villar. En Boimouro hubo una herrería, como tantas otras hasta Porcía –de ahí el antiguo nombre del río de Las Herrerías- propiedad del referido marqués de Miranda, con una utilidad de 5.600 reales (según Marcelino F. F.), siendo la mitad del Marqués y un tercio para el monasterio de Corias. Hay que tener en cuenta que los marqueses de Santa Mª. de Villar eran también vizcondes de Lóngara y condes de San Román, teniendo en Villar 87 heredades; 3 en Lebredo; 35 en Riocavo y 103 en Lóngara; a ellas habría que añadir las propiedades urbanas en Castropol, Navia y Ribadeo y los palacios rurales de Villar, Lóngara y Campos. Todo ello con sus correspondientes bienes y vasallos. Según el Catastro del Marqués de la Ensenada, existió en Barganaz, parroquia de Miudes (debe referirse a cuando a esta parroquia pertenecían Arancedo y La Braña, ya que Barganaz no es de Miudes), un batán –de origen incierto- (máquina compuesta por grandes rodillos y mazos de madera que se usaba para limpiar y hacer compacto un tejido), que pertenecía a un tal D. Juan González, presbítero y capellán de la capilla de S. Antonio de Miudes. En los lugares de Boimouro y Barreiras existió una herrería y un martinete (martillo, macillo o mazo, movido por agua), de estirar hierro, propio de la mencionada capilla de S. Antonio y, por tanto, de la casa de los marqueses de Omaña. Esto nos puede dar pie para pensar que se refiere a la capilla de Boimouro (no se tiene noticia de una capilla de S. Antonio en Miudes, regida por un cura), la cual estaría consagrada a dicho santo. Lo de decir a la parroquia de Miudes, debe ser porque en aquella época, como decía, a Miudes pertenecían Arancedo y La Braña. Todavía en muchos escritos actuales se dice que Boimouro pertenece a Miudes y otros a Arancedo, cuando, en realidad, Boimouro es de la parroquia de S. Juan de Prendonés. (Algunos datos están recogidos del Catastro del Marqués de La Ensenada, boletín publicado por D. Perfecto Rodríguez Fdz.).

      También diremos, como datos históricos, que el padre de D. Bernardo Carvajal y Trelles –bien conocido por mis escritos-, D. José Carvajal, casado con Dña. María del Rosario M. Trelles, de la Peruyeira de Miudeira, y, a su vez, madrina del Padre Montaña (1842), fue natural de este coto de Boimouro; y el marido de Dña. Juana de Omaña, del palacio de Villar, D. Marcos García de Valdepares, era hijo de D. Diego García de Valdepares, éste conocido por su gran influencia para la independencia del concejo de El Franco (1584).

       Se recuerda que en Boimouro vivieron unas tres familias: la primera casa – 8ª foto-, que parece ser, fue propiedad del marqués de Omaña (como decíamos al principio), hoy remodelada, sus últimos propietarios fueron los herederos de D. Manuel González Sánchez, llamada casa de Los Infanzón (este nombre de Los Infanzón parece que viene de lo que decíamos más arriba ¿antiguos propietarios?, pero no pude saber más), cuyos herederos la vendieron a los actuales dueños, de los que no pude obtener datos. Otra familia era la de un tal Miguel Valdés (Tío Miguel), quien, en el pleno del 19 de marzo del año 1936 (véase mi Crónica), presentó en el Ayuntamiento una solicitud firmada por él, interesándose por la construcción del camino vecinal de Arancedo a Boimouro, para el que se le concedieron 300 ptas.. (Se trataba del camino –hoy pista asfaltada- que va desde el puente de Follaranca a Boimouro). La otra vivienda era de D. Jesús Vadés Fdz. (Tío Jesús). Lo del apellido Valdés, según los informes que tengo, pertenecen todos a una misma familia: el Tío Miguel era padre del Tío Jesús, quien tuvo 5 hijas y el muy conocido D. Luis Valdés Braña; por tanto, el Tío Miguel venía a ser abuelo de Luis. Es decir, los vecinos de Boimouro eran, casi todos, de una misma familia. Luis, que fue el único que se quedó en Boimouro, montó una sierra-taller de carpintería y molino –fotos 9 y 10-, que tantos servicios prestaba en toda la zona. La sierra y el molino –de maíz y trigo- funcionaban por medio de la fuerza del agua, al mismo tiempo que movía una potente turbina que Luis instaló para producir fluido eléctrico para 18 viviendas del entorno, pero sólo la instalaron dos, a pesar de que a aquella zona no llegaba la electricidad pública. En el año 1983 se lee un escrito en el pleno del ayuntamiento de El Franco, con fecha 29 de junio (véase el 2º tomo de mi Crónica, año 1983), que dice literalmente: “Se lee otro escrito de D. Luis Valdés Braña, solicitando indemnización para un alternador movido por agua, para su industria situada en Boimouro, ya que carece del agua necesaria para producir la fuerza motriz que necesita, debido a los perjuicios ocasionados por el abastecimiento de agua del río para la zona costera del municipio, reduciendo mucho el caudal que venía precisando, por lo que solicita se le indemnicen los daños y perjuicios ocasionados en su industria de aserradero de madera. La Corporación acuerda poner la cuestión en conocimiento del ingeniero de la Junta General del Principado”. Posteriormente, en el pleno celebrado el 25 de enero del año 1984, se lee escrito de la Comisaría de Aguas del Norte de España, que dice lo que sigue, en respuesta al presentado por el Sr. Valdés Braña: “…Escrito sobre la reclamación efectuada por D. Luis Valdés Braña, de Boimouro, donde se dice que el referido señor reclamante tiene todos los derechos a la petición que formula, de no dejar sin suministro de agua suficiente para su industria de aserradero, por lo que están de acuerdo en todo, con su reclamación”. Esto demuestra la importancia, en aquellos tiempos, de esta pequeña industria. La mencionada antigua herrería, propiedad de los marqueses de Omaña y D. Pedro Miranda, funcionaba con carbón traído por bueyes desde Viavélez; herrería donde era fundido el hierro para hacer muchos utensilios caseros. Durante mucho tiempo todo fue así, pero más tarde, Luis se jubiló y alquiló la sierra y la carpintería a Alberto Iglesias Alonso, de Barreiras, y a Manuel González Castaño, de Cernías de Illano. La capilla era propiedad también de los marqueses de Omaña -foto 6-, y, se dice, debía estar consagrada a S. Antonio, acompañado de S. Fernando y Santa Lucía, de cuyas imágenes no pude saber su paradero. Este santuario pertenece ahora a los nuevos dueños de la casa que fue de D. Manuel González Sánchez, quienes la restauraron, pues se hallaba en muy mal estado, al ser usada para guardar aperos de labranza. Hoy, como digo, está restaurada y limpia, pero vacía. En ella se celebró una boda y un bautizo, siendo bellamente adornada para dichos actos.

      Por aquella zona de Boimouro y Barreiras –pueblos contiguos- existía el, ya mencionado, molino de Boimouro, en el que se molía maíz y trigo, quien lo regaló, -casi ruinoso- con su correspondiente terreno, a Manuel Iglesias Zarauza, de Barreiras, padre del ya citado, Alberto. Actualmente, en Boimouro sólo hay dos familias, de las que no se me dieron datos. El lugar, como decía, está muy bien cuidado por todo su entorno: empalizado, floreado de hortensias y otras plantas ornamentales, y farolas que alumbran toda la ruta que, en realidad, incluido el caserío de Barreiras, es una especie de área recreativa para ir caminando al son del murmullo del río, sombreada por la frondosa y exuberante arboleda, que, de vez en cuando, deja ver el cielo y el sol a través de los claros del ramaje. El recorrido merece la pena, está muy bien señalizado y es un hermoso contacto con la naturaleza, que invita a la meditación, el recuerdo de su origen e historia de lo que fue Boimouro y toda su ruta, que se prolonga hasta el caserío de Barreiras, donde existe otro puente (foto 13) semejante al de la entrada, haciendo, todo ello, un conjunto turístico encantador.

      Una vez visto este precioso lugar, nos vamos, no por donde venimos, sino siguiendo la pista asfaltada y sinuosa, que nos lleva al caserío de Barreiras (fotos 14 y 15); seguimos pista arriba por el monte; pasamos el caserío de Meisnao y llegamos al cruce, donde un indicador señala las rutas a Arancedo, Hervedeiras, La Rebollada y S. Juan de Prendonés, pudiendo continuar nuestra jira, visitando la restaurada iglesia parroquial y su hermoso y cuidado entorno; las antiguas escuelas, el parque, el hotel, el restaurante y el arca de las tres llaves junto a la artística fuente. También podemos –retornando desde S. Juan- visitar el valle de Sueiro, disfrutando de su naturaleza y tomar unos vinos en el bar que hay allí.
Finalmente, bajamos hasta la villa de La Caridad, capital del municipio de El Franco. -´Véanse las fotos:

1ª foto: Entrada a Boimouro desde el puente de Follaranca, en Arancedo.

2ª foto: Pequeña área recreativa en la ruta a Boimouro

3ª foto: Puente de vehículos y peatonal, Izda., a Boimouro
4ª foto: A la Izda., puente a Villalmarzo

5ª foto: A la Izda. puente peatonal sobre el río, a la senda de Villalmarzo

6ª foto: Cartel informativo del Principado y Ayuntamiento

Foto 7: A la derecha, puente peatonal sobre el río.

Foto 8: Antigua casa de Los Omaña, muy restaurada por los nuevos dueños.

Fotos 9 y 10: Dos perspectivas de los edificios restaurados, de la herrería, sierra y molino.

Fotos 11 y 12: Dos perspectivas de la capilla

Foto 13: Puente a Barreiras, de vehículos y peatonal.

Fotos 14 y 15: caseríos de Barreiras

VIAVÉLEZ - (EL PORTO)


                                

                                                     VIAVÉLEZ - (EL PORTO)
                                                    ( Por  Vicente  Pérez  Suárez)

     Por primera vez tengo el honor de escribir en este precioso libro de las fiestas del Ángel del bello pueblo de Viavélez, llamado también, popularmente, El Porto. Como es mi costumbre, el primer escrito que dedico a un pueblo intento resumir un poco su historia, ya que estos libros no dan para mucho más.
      Viavélez es un hermoso pueblo-villa de pescadores, marineros, marinos ilustres y alcaldes. Entre estos últimos, debemos citar a D. Maximino García Santamarina, capitán práctico mayor de la marina mercante en La Habana y alcalde de El Franco, (1912-1914); D. Francisco Ron Magdalena, capitán de la marina mercante y alcalde en 1914 (8 meses) y por 2ª vez 1924-1930; D. Patricio Pérez Villademoros, capitán de la marina mercante y alcalde 1923-1924 (6 meses); D. José García Monteavaro, igualmente, capitán de la marina mercante y alcalde de El Franco (1942-1946). Todos ellos naturales de Viavélez. Habría que citar muchas otras personas: pescadores, marineros, etc., pero esto no da para más.
      Viavélez  (Via Velae camino de la navegación) es una pequeña villa muy metida en el mar que pertenece a la parroquia de La Caridad hasta el río Vio y, el resto a la de Valdepares. Está edificado sobre un peñasco que da cara al puerto. Sus casas dan la sensación de ser construidas  improvisadamente sobre la roca, con calles estrechas y curvas, formando rampa a la que dan las puertas, ventanas y techos de casas limpias y pintadas de variados colores, con humeantes chimeneas y adornadas de pequeños jardines y macetas con geranios y rosas, colocadas simétricamente sobre las estrechas aceras, aprovechando el terreno hasta el límite. Incluso existe algún pequeño huerto.
      Viavélez .en un barrio tradicional de pescadores. El primer pescador, hace unos cien años, fue un tal Antonio Mariñas, el Valenciano, que ya tenía una lancha motora que la llamaba “Aquí está”. Desde entonces muchos de sus vecinos se dedican a la pesca, llegando a tener una flota de tres lanchas grandes para la pesca de merluza, de 25 T. de registro bruto total, con una tripulación de 21 pescadores. Poseían, además,  otras 7 motoras pequeñas para el pulpo, nécoras y salmonete, de unas 4 ó 5 T. y una tripulación de  14 hombres. Existe la Cofradía de Pescadores “El Santo Ángel”.
      En el reducido puerto, del siglo XVIII, se puede ver bambolear esta pequña flota, cuyos cascos pintados de vistosos colores, brillan bajo el sol y la lluvia, cuando no salen por el mar bravío en busca del sustento de la vida diaria de sus tripulantes, mientras sus familias aguardan su feliz regreso, después de un día duro y lleno de zozobras.
      Antes había por cerca del puerto 4 bares: comercio-bar “Casa Ramira”, donde se vendía casi de todo; “A Bodega”; “Casa de Gerardo” y, durante el verano, el restaurante “Viavélez-Taberna, paseo del pescador”, que es el único que  funciona durante el estío. por lo demás no hay donde tomar un vaso de vino, cosa que  echan mucho de menos los visitantes a este poético pueblín.
      Después de dar una vuelta por  el tranquilo y poco concurrido paseo marítimo, contemplando las casas escalonadas, las tranquila bahía y el oleaje del mar, subimos un poco por cualquier callejuela hasta llegar a la capilla del Santo Ángel, patrono del pueblo, cuya fiesta se celebra el primer domingo de agosto. Hace muchos años la romería se celebraba arriba en un prado junto al mar y la verbena era abajo en el puerto. Hoy se hace todo en un conjunto muy llamativo y festero en torno a la bahía portuaria, mientras el ruido de las olas del mar se confunde con la música, que invade al pueblo en fiestas. La capilla, que data del siglo XVII, tiene espadaña con tres huecos y una campana. Además del día de la fiesta, se dice –o se decía- una misa en ella por los difuntos del pueblo. Está muy bien conservada y fue adquirida y reconstruida en el año 1874 por D. José Ron Fresno; aunque este dato resulta curioso, puesto que fue hecha por donación del pueblo, pero pasó a ser propiedad de la familia Ron Santamarina ¿…?
      Subiendo desde el puerto por la calle central hasta arriba, podemos ver una amplia y hermosa llanura que enlaza a la villa de La Caridad con el barrio D’a Senra. Una llanura con bosque, praderas y elegantes y caprichosas viviendas; una meseta, donde están las antiguas escuelas y la considerable mansión o palacio del filántropo médico, D. Eduardo Jardón Perissé, -hijo y heredero de un marino de Viavélez, emigrante a  Argentina- donante de las escuelas y muy caritativo con los necesitados del pueblo; promovió algunas vías de comunicación e, incluso, daba consultas desinteresadas a enfermos. Su palacio –Quinta San Jorge- Está entre los mejores ejemplos de arquitectura eléctica de signo historicista de Asturias. Fue construido sobre el año 1914 para su residencia de verano. Dicho palacio está ligado al estilo Segundo Imperio francés, dominante en Europa en la segunda mitad del siglo XIX. Allí muy cerca, podemos visitar las escuelas y su bello entorno, escuelas financiadas por el Sr. Jardón y D. Máximo Santamarina Fdz.. En 1917 se construyó una escuela mixta y vivienda adosada; más tarde, en el año 1930, también financiada por los mismos señores, se hizo la escuela para niñas, quedando la otra para niños. El primer maestro que hubo fue el zamorano D. Pedro; luego estuvo D. Juan, vecino de Loza, concejo de Coaña). Mucho más tarde fueron maestros de Viavélez, D. Juan García (Juanelo) de Valdepares, D. Manuel Díaz Fojo, vecino del mismo Viavélez, y D. Marcelino Múrias, de S. Juan de Prendonés, que lo fue hasta la agrupación en el colegio de Lóngara, año 1974. En lo que se refiere a las maestras, la primera fue Dña. Maruja Álvarez, de Villacondide; Dña. Rosario; Dña. Pilar Ávarez, de Trubia; la última fue Dña. Sara García, de Valdepares, donde vive. Puede que hubiera más, pero no tengo constancia de ello. Actualmente, los locales de las escuelas y todo su entorno está muy vistoso y recuperado. Las escuelas están dedicadas a Escuela Taller de Artes y Oficios, música y otras actividades.
      Pero en Viavélez, hace muchos años,  hubo otras cosas: En 1916 era famoso el Salón de Leandro, donde se daban comidas y bebidas y se hacían bailes amenizados con un organillo y los acordeones del Súcaro y de Malén, de La Caridad. También se hacían teatro, baile y tertulia en el saloncito de Servanda. No podemos olvidar los astilleros en los que, se dice, se hicieron  naves para la Armada Invencible de Felipe II. Hubo también una fábrica de conservas de pescado y salazones, donde trabajaban muchas mujeres. Casi toda la madera producida en El Franco se cargaba en barcos en el pequeño muelle y a sus costas venían a pescar, langosta y bogavantes, pesacadores de Cudillero y Oviñana, cuyos barcos dejaban atracados en el puerto, para ellos ir a comer en algún bar del pueblo. Cerca estaba  el cuartel de carabineros, que era todo un símbolo del pueblo y de la época, cuyo edificio permanece allí entre otras ruinas simbólicas de una antigua industria con apariencia de abandono.
      En aquellos lejanos tiempos, Viavélez era un pueblo-villa con cierta importancia industriosa, que fue desapareciendo, según decayó su pequeña industria, aumentando en la villa de La Caridad, a medida que ésta crecía en población, dando la sensación de quedar, el alegre y romántico puerto pesquero, olvidado de la atención municipal y autonómica. Últimamente se hicieron numerosas reformas y atenciones de limpieza y pintura, dándole otro carisma más atractivo, pero con muy poca vida vecinal.
      Dejamos aquí estos retales de la historia de este, todavía hermoso, pero ya no igual, rincón de Viavélez, donde huele a mar, a pescado y a flores. Este pueblín  lleno de añoranzas, romances y rincones encantados, pero con muy poca actividad. Muy solitario y silencioso.
      Es mediodía de verano. El sol cae a plomo sobre la quieta bahía. Se ven algunos turistas en bañador y hay cierta animación por el paseo marítimo. En un pequeño restaurante, con terraza –el único que queda durante el estío- se oye música y nosotros nos sentamos a la mesa para comer unos mariscos con vino blanco. Corre una ligera brisa que refresca el ambiente.

viernes, 1 de junio de 2012

LA CHICA QUE SE ENAMORÓ DE SU AMIGO



                                          LA CHICA QUE SE ENAMORÓ DE SU AMIGO
                                                               Por Vicente Pérez Suárez

      Este año vamos a intentar contar un pequeño relato de origen real y costumbrismo de hace 50 años que, a su vez, me contó el propio protagonista, Rafael; historia sentimental que vivió hace ya mucho tiempo y que recuerda con todo detalle, todavía un tanto apenado por las circunstancias que originaron aquel idilio. Rafael era un joven de unos 20 años, muy amigo de otro chaval de más o menos su edad. Siempre andaban juntos e iban a todas las fiestas del entorno, relacionándose con diversas chicas, pero sólo en plan de amistad. Si embargo, Paco, el amigo de Rafael, un poco más aventurero, decidió tener como novia a una jovencita morena de ojos negros, pelo rizado, simpática y muy cameladora. Por su parte, Rafael no tenía las mismas intenciones, no queriendo comprometerse con ninguna de las tres o cuatro amigas que tenía: una vez acompañaba a una, otra vez a otra; bailaba con todas ellas y todas le gustaban, pero no se decidía por ninguna. Era un muchacho muy distraído y despreocupado. Daba la impresión de que lo pasaba muy bien con todas. Pero, vamos a describir el relato en primera persona, dejando que nos lo cuente el propio Rafael, quien me lo hizo con cierta emoción, más o menos así:

       “La clave de toda esta historia que voy a contar, estuvo en la gran amistad que contraje con la novia de mi amigo Paco, ya que María Susana (así se llamaba) era muy extravertida y cascabelera; tan amable y simpática, que, pasado algún tiempo, yo formaba parte como amigo incondicional de aquella pareja, que parecían muy enamorados. En cuanto yo, continuaba siendo amigo de todas, pero nada más, lo que originó que esta amistad con Paco y Susana fuera más profunda. Simplemente era amigo de los dos, pero la amistad de ella, con toda sinceridad, que a mi me intrigaba, aunque fui observando que era su manera de ser, hasta el punto de desear que yo tuviera como novia a una de sus amigas. Además era una chica muy culta, ya que tenía algunos estudios y continuaba formándose. También le gustaban mucho los niños y la música.

      Fue pasando el tiempo, y a mí se me aproximaba marcharme a la mili, siendo esto lo que me hizo entrar un poco en razón, pues había oído decir que la novia hacía la mili mucho más llevadera, sobre todo cuando se recibían sus cartas. Pensando así, me hice con una chica, que nada tenía que ver con aquellas amigas de Susana. Llegó el día de incorporarme al servicio militar, me despedí de mi “improvisada” novia, haciéndonos promesa mutua de escribirnos y aguardar el uno al otro hasta que me licenciara dentro de unos 14 ó 15 meses que duraba aquella “penitencia”. Me incorporé, pues, y lo primero que hice fue escribir una carta a mis padres y otra, claro, a la chica que dejaba, y que ahora añoraba enormemente, dada nuestra separación. Así las cosas, pasaron varios meses, funcionando todo con normalidad; pero, de improviso, esta correspondencia se interrumpió: mi novia no me escribía. Yo me puse un poco triste y empecé a pensar que se echaría otro novio, pareciéndole muy largo el tiempo de mili, cosa que pude comprobar, ya que me lo dijo mi amigo, aunque con bastante retraso, por no incomodarme. Todo aquello lo fui asumiendo, escribiéndole repetidas cartas a las que no me contestó, a pesar de que incitaban a hacerlo, lo que me demostraba que no quería saber nada de mí. Pasé el resto de la mili como pude, y me fui acostumbrando, acompañándome de una guapa muchacha-niñera, con la que coincidí por allí por el parque de la ciudad, cuidando un encanto de dos niños gemelos, aunque, claro, aquello era un pasatiempo que no me disgustaba, pero no era lo mío; no obstante, lo fui asumiendo como distracción y pasatiempo.
      Y llegó el día de la licencia. Un tanto desorientado, llegué a mi pueblo: no tenía la novia, casi no conocería a mis amigas; aunque me consolaba estar licenciado. Las amigas y una novia, ya aparecerían. El tiempo lo arregla todo. Al domingo siguiente de llegar había una fiesta en el pueblo de mis antiguas amistades, donde, además de a las amigas, vería a Paco y a Susana, teniendo así con quien hablar y distraerme un poco. En mi bicicleta me fui a la fiesta. Medio despistado, di unas vueltas por el campo, y de pronto intuí que alguien se fijaba en mí desde alguna parte. Volví la vista, y observé que una chica me miraba atentamente. Me fijé más, pudiendo conocer a Mª Susana, quien estaba con sus compañeras. Me extrañó que no estuviera Paco, pero no le di más importancia. Aquella mirada sonriente me parecía insinuar que me acercara. Sin pensarlo más, fui hasta ellas, quienes me saludaron efusivamente. Susana se acercó sonriendo, amable y guapa como siempre, y, sin pensarlo, me dio un espontáneo y disimulado beso en la mejilla –pese a que esto no era lo habitual en aquellos tiempos- a la vez que me decía, con una sonrisa y la penetrante mirada de sus ojos negros:
       -¡Hola, Rafael! ¿Qué tal estás? ¿Cómo te va? ¿Ya estás licenciado?-. Yo, de momento, me sentí un poco aturdido ante aquel grupo de guapas chavalas que hacía tiempo no veía, respondiendo, un tanto sonrojado:
       -Hola chicas ¿Qué tal vosotras? Por lo que veo, nada mal. Yo bien y licenciado, claro, espero que para siempre.
       -¿Cuándo viniste? -volvió a preguntarme Susana.
       -La semana pasada. Es la primera fiesta que me toca-. Luego, extrañado, me atreví a preguntarle: -¿Dónde está Paco, que estás aquí con estas amigas? –. Se sonrojó y sus preciosos ojos brillaron con cierta tristeza, y, sin dejar de mirarme, muy insinuante, me dijo:
        -No sé. Luego vendrá. Andará por ahí –. Tuvimos charlando un rato todo el grupo. Unos chavales se acercaron y sacaron a bailar a las otras chicas. Nosotros nos quedamos solos. María Susana, con aquella espontaneidad que le era habitual, me invitó a bailar. Yo, sin sorprenderme mucho, ya que conocía muy bien su manera de ser, obviamente, acepté la invitación.
       Estando bailando me contó todo: Paco y ella habían roto sus relaciones hacía tiempo, casi sin saber las causas, y, ahora se encontraba sola y un poco desorientada. Habían sido más de dos años de relaciones y eso se tarda en olvidar; aunque lo tenía asumido, me dijo con firmeza. Seguimos bailando largamente, ya que no paraba de hablarme. Yo le insinué que a lo mejor el seguir toda la tarde con ella, podría evitarle la conquista de algún chico, pero ella insistió que no le daba más y que prefería pasarlo conmigo. No tenía ninguna prisa por echarse de novio. Seguimos, pues, pasándolo los dos muy bien, puesto que era mucho el tiempo que hacía que no nos veíamos.
       Aquel día pasó así. Me despedí de ella estrechando su mano, y me invitó a otra fiesta que habría dentro de unos 15 días, prometiéndole volver. No obstante, cuando ya íbamos cierto tiempo con este proceder, yo observé en Susana que algo más que amistad sentía hacia mí: su manera de mirarme, de sonreír; oprimirme las manos bailando y aquella insistencia en permanecer conmigo, ya me inquietaba para una simple amistad. Yo le aclaré que era mejor no seguir procediendo así, y que cada uno fuera a su aire, aunque continuando como amigos. Fue entonces cuando me sorprendió diciéndome que yo le gustaba, me sentía cariño y que deseaba que fuéramos novios. Me dejó perplejo y, así de pronto, no supe qué contestar. Nos quedamos en silencio; silencio que ella interrumpió, cambiando de tema. Sin embargo, yo quería aclarar lo que me había propuesto, cosa que hice acompañándola hasta su casa, al finalizar la fiesta, al atardecer:
       -Mira, Susana: Yo no puedo ser tu novio, porque tú eres mi especial amiga, un cariño muy distinto. Yo nunca te podré querer como novia. Somos muy amigos y eso es todo. Eres encantadora, pero de esto no podemos pasar, puesto que tengo miedo hacerte daño, queriéndote de una forma que no es la adecuada. Además, Paco puede volver. Si quieres, yo hablo con él.
       -No, por Dios –me dijo decidida.- No quiero saber más nada. Ya me acostumbré.
       Los dos nos quedamos callados. Luego ella me miró casi suplicante, pero yo le indiqué con afabilidad, que no insistiese, ya que lo que me proponía, de momento no era posible. ¡Quién sabe con el tiempo…!. Ante su silencio y aquella declaración improvisada y muy debatida, acabé por decirle que deseaba pensarlo más y que lo mejor, en principio, era no vernos y esperar a ver lo que pasaba. Eso no le gustó mucho y no lo aceptó. No estaba dispuesta a no verme. Admitía lo de no ser novios, pero no a no vernos. Así quedó todo aquel triste atardecer. Me despedí de ella, siendo yo quien me hiciera con sus suaves y cálidas manos y la besaba en sus tersas mejillas, prometiéndole volver a verla. Luego cogí mi bicicleta y, sin dejar de mirarla, me marché apenado, pero sin ninguna resolución. Durante unos días lo estuve pensando, decidiendo no volver en tanto no nos aclarásemos.

       Pasado algún tiempo,- poco- recibí una carta suya, en la que, con apasionados argumentos, me pedía que volviera. Yo se la contesté, con razones de mi gran amistad hacia ella y que no la olvidaría nunca en este sentido, pero nada más; aunque le prometí vernos cuantas veces quisiera. Nos vimos alguna vez por casualidad y hubo alguna otra carta, que siempre contesté, pero todo se fue esfumando cuando se enteró de que yo volvía a tener novia, lo que, posiblemente, le hizo entender que debía renunciar a aquel “santo” amor que sentía por mí.

        La vida fue pasando y me enteré de que había tenido varias propuestas de noviazgo, pero no aceptó ninguna. Por lo visto estaba desengañada de amoríos. Tiempo después, dados sus estudios, se colocó en un orfanato religioso, donde, además de atender a niños huérfanos, adquirió grandes dotes para la enseñanza y aprendizaje de música. Allí empleó todo el amor, María Susana. Todo aquel amor, al que yo no pude corresponder, porque era una santa amiga. Supe que allí era muy feliz con aquellos niños y sus aficiones culturales y que parecía un ángel rodeada de pequeños ángeles: sus niños y niñas. A mi me quedó la impresión de que, quizá, fuera un poco cruel con ella. Me costó rehacerme, pero estaba convencido de que no podía ser de otra manera. No podía engañarla, y seguimos siendo muy amigos.”

       (Lo que no dice Rafael es que, aquella novia que ahora tenía, era la misma que tuvo cuando se fue a la mili. Se habían reconciliado, pudiendo ser el motivo de que Susana se resignara. El plan de Rafael era otro, a parte de que no le era posible aceptarla más que como amiga. Pero esto no me lo contó).

LAS SEÑORITAS DE MIUDEIRA Y EL ENTORNO DE SU CASA EN EL CAMPO DE LAS BARREIRAS


LAS SEÑORITAS DE MIUDEIRA
Y EL ENTORNO DE SU CASA
EN EL CAMPO DE LAS BARREIRAS
Por Vicente Pérez Suárez
      No, no sean maliciosos, no vamos hablar de las señoritas de Miudeira de hoy, ni tan siquiera de hace 50 años, sino de otras señoritas más antiguas y de cierta ilustre ascendencia.

      Este escrito ha sido informado por el querido vecino de Miudeira, D.José Piedralba Méndez, hombre de impresionante memoria y que disfruta contando estas historias reales, ocurridas hace muchísimos años, las que transcribimos al papel para su constancia y amenidad de este libro, y que nuestro amigo Pepe pueda leerlas en letras de molde para su disfrute y distraimiento.

      En Miudeira existió una hermosa zona, o especie de "Área recreativa" -le llamaríamos hoy- al oeste del pueblo, llamada Campo de Las Barreiras, un pequeño terreno barrizal, de ahí su nombre, situado entre caminos, uno de los cuales era la llamada carretera de Carvajal, construida por D. Bernardo Carvajal y Trelles, allá por los años 1870, para transitar con su coche de caballos hasta el camino Real que pasaba por Castello, paralelo a la que sería después la hoy carretera general. Con respeto a este campo tengo a la vista un acta municipal del 1º de agosto de 1909, que dice literalmente lo siguiente: "Se da lectura por el alcalde al expediente instruido con motivo de la denuncia firmada por varios vecinos de Miudeira, contra D. José Pérez Cruz, de la misma vecindad, por aprovechamiento y obras realizadas por éste en el campo de las Barreiras, del expresado pueblo. La Corporación, teniendo en cuenta que el campo de las Barreiras debe reputarse de carácter público y sobrante de caminos, por estar comprendido entre éstos y que, aun siendo de propiedad particular, lo que ni se intentó probar, existe establecida una servidumbre por el hecho de celebrarse en él, desde tiempo inmemorial, las reuniones para diversión del vecindario, en los días festivos. A tal efecto, con 4 votos a favor y 2 en contra, se acordó notificar al denunciado, D. José Pérez Cruz para que, en el término de 8 días, deje el campo libre como estaba con la pista de juego de bolos, y que, de no hacerlo, se hará con operarios a costa del denunciado". (Esto demuestra la importancia de este lugar, ya en aquellos lejanos tiempos). Aquella zona, con aquel pequeño campo y su bolera, los domingos era lugar de reuniones de los vecinos del pueblo, donde se jugaba a los bolos, a la lotería de cartones, debajo de unos castaños; se tertuliaba; se hacían bailes, algunos amenizados por Pepe d'as Barreiras, con su singular ritmo acordeonista "Tírole, tírole, tírole ta; tírole, tírole pora ventá", y un tal Gervasio que tocaba la flauta. Los niños disfrutaban, en alegre jolgorio que se oía `por todo el pueblo, de sus inocentes juegos: a llebre escondida, as pagas, juegos guerreros por entre los árboles del vecino bosque de pinos, abedules, alisos y toda clase de naturaleza, con el río al fondo del valle, donde los pequeños se entretenían represando las aguas; haciendo molinillos de juncos que giraban con la corriente del agua; persiguiendo lagartijas que acorralaban entre las pequeñas lagunas, y otras diferentes formas de pasar la tarde dominguera, pues antes había muchos niños y niñas. También jugaban con unos carros de cuatro ruedas, en los que iban sentados conduciéndolos a toda velocidad por la cuesta abajo hasta el río, luego, claro, había que subirlos para volver a bajar. Más tarde estos mismos niños, ya mayores, jugarían a los bolos, al fútbol, a la lotería y la partida en la acogedora casa de Concepción, una mujer muy vecina del campo y amiga de los niños y de todos los vecinos que rondaban por aquel bello paraje. Hoy existe en este mismo campo un pequeño polideportivo para los más pequeños y jóvenes, pero está un poco abandonado, debido a que hasta los niños escasean, quedando aquel lugar un tanto solitario, lleno de añoranzas y en espera de que los niños vuelvan.

      Pues bien, retornando a la historia que nos proponemos relatar, un poco más arriba existía, todavía están allí las ruinas, una vieja casa, o casona de 4 aguas, llamada a Casa d'as Señoritas, que tenía un gran hórreo de madera donde guardaban el maíz, y debajo, las herramientas de trabajo. Esta casa poseía, además, un extenso caserío en torno a la edificación, que cuando yo lo conocí lo llevaban en arriendo, junto con la vieja casona que les servía de cuadra, la familia de la mencionada Concepción. Pero nosotros no vamos hablar de esta familia, cuyos descendientes viven hoy, sino d'a Casa d'as Señoritas y su singular historia.

      Era esta casona, en la antigüedad, una de las mejores y más ricas casas del pueblo; una casa con salón, lujosamente amueblado, rodeado de sillones y sofás; aparadores, donde se guardaban ricas y hermosas bandejas, copas, vajillas, lujosas porcelanas, etc. En el techo pendían, decorativamente, brillantes lámparas de cristal, y las paredes estaban empapeladas con imágenes y dibujos de guerreros y políticos, colgando de ellas valiosas pinturas y cuadros de personajes históricos. En torno a este gran salón, estaban las numerosas habitaciones bien equipadas y confortables y también la cocina, que era, como casi todas en aquellos tiempos, una cocina de leña a nivel del suelo, pero bien dispuesta y organizada. Abajo tenían las cuadras y demás utensilios de la huerta, accediéndose a la planta de arriba por una escalera interior. Al exterior daban luz a la casa numerosos balcones todos encristalados por la parte superior y de madera la inferior. Contiguo a la casa existía un hórreo grande de madera, donde guardaban las cosechas, cuya edificación estaba cubierta de pizarra, soleras en los pilares y rodeado de pasillo con pretiles de madera torneados. Cerca del hórreo había una gran mesa de baldosa de piedra, con numerosos asientos también hechos de baldosas, donde la familia pasaba mucho tiempo al aire libre, en reuniones con otras personas de su abolengo. También tenían una gran huerta cerrada de pared muy alta, en la que producían toda clase de frutas y hortalizas. El dueño de la casa, D. Meregildo Villamil, era recaudador general de impuestos de todo el Partido Judicial de Castropol; era, además, gerente de una compañía mercante de barcos, uno de cuyos barcos se fue a pique con todo su cargamento de trigo que traía de Argentina. D. Meregildo tenía dos hijas llamadas Dña. Luciana y Dña. Decorosa Villamil Trelles, que habían nacido por el año 1840 en esta casa que se llamaba, entonces, de Dña. Petronila (el nombre d'a Casa d'as Señoritas lo adquirió tiempos después, debido a su forma de vida "señorial"). Estas dos mujeres vivieron siempre en la casa, no se casaron ni tuvieron familia. Una vez muertos sus padres, se dedicaron a la buena vida, pues eran jóvenes, aunque de un físico muy poco atractivo; continuaron relacionándose con personas de gran abolengo de la rica sociedad de entonces. Era tanto su orgullo opulento, que no acudían a los bailes en el campo, con los demás vecinos, sino que los contemplaban desde los lujosos balcones de la casona; haciendo, por el contrario, sus propias diversiones, comilonas y demás lujosas jaranas, de las que se aprovechaban sus "amistades" de juerga, llegando a tener que hipotecar la casa, con todas las propiedades, a unos señores llamados de Blanco de Luarca; aunque, eso sí, reservándose el disfrute de todo mientras viviesen. El tiempo fue pasando para aquellas mujeres, lo mismo que su juventud, y poco a poco se fueron quedando en la miseria, ya que no trabajaban y el disfrute de las propiedades era muy escaso; comían diariamente 3 pequeñas bollas de pan de 10 céntimos y otros 30 céntimos de leche, que vendría a ser un litro, leche que compraban en la casa cercana al campo del que antes hicimos referencia, llamada de las Barreiras; se alimentaban también de huevos que les producían unas gallinas y de un pequeño cerdo, que ellas mismas criaban, de unos 40 kg. Este era todo el alimento de estas dos ancianas mujeres. Fue entonces cuando la casa adquirió el nombre, un tanto burlón, d'a Casa d'as Señoritas, porque vivían como tales, cuando, en realidad eran unas pobres andrajosas.

      Tiempo después murió Luciana, cuando tendría unos 80 años, bien atendida, dentro de lo que podía, por su hermana Decorosa. Algunos años más tarde murió también Decorosa, pero de distinta manera: como decíamos antes, iban todos los días a buscar la leche a la casa de las Barreiras; después de morir Luciana, lógicamente iba siempre la otra hermana, pero un día no apareció, cuando no fallaba nunca casi a la misma hora. Los vecinos de las Barreiras entraron en cuentas y fueron hasta la casa, viendo todo cerrado; llamaron, pero no contestaba nadie. Se acercaron por allí varios vecinos más, pero ninguno se atrevía a entrar en la casa; fue cuando nuestro informador Pepe, entonces joven de 16 años, pidió una escalera, subió hasta uno de los balcones y entró en la vivienda, bajando hasta la cocina, donde estaba la mujer tirada en el suelo sobre la ceniza del fuego. No estaba muerta y seguramente le dio algún desmayo cuando se calentaba, y se cayó. Llamaron al médico, D. Jesús Pomar Taboada, que era al que le correspondía aquel Distrito, diagnosticando pulmonía complicada y que tendría vida para poco tiempo, tan poco que murió al cabo de unas 8 horas.

      Una vez desaparecidas las dos "señoritas" y con ellas toda su generación, todo lo que había de gran valor en la casa: muebles, porcelanas, relojes, lámparas, cuadros, fueron subastados por los mismos que las arruinaron con sus juergas, diversiones, galanteos y demás trapisondas, pasando a lucirse en las respectivas casas que adquirieron todas aquellas riquezas, dando la sensación de haber quedado allí por casualidad, o el hecho de querer aparentar una riqueza, que seguramente ya no les pertenecía, pues todos los demás bienes los habían hipotecado, como señalamos anteriormente.

      Años después, aquella casa y las tierras pasaron a otros dueños, aunque eran arrendatarios la familia de Concepción, de la que antes hablamos. Algunos vecinos llegaron a decir que en la referida casona, ya vieja y abandonada, había fantasmas, e, incluso, que Luciana y Decorosa estaban por allí por los salones durante las noches. Claro que esto no fue nunca "confirmado", aunque alguien "aseguró" haberlas visto. Las ruinas de la casa permanecen en el lugar como un símbolo de esta historia, y probablemente también las piedras del hórreo, las baldosas de la mesa y los asientos, donde tantas veces tomaron el sol y buenos licores en lujosas copas, en compañía de sus cameladores personajes "amigos". Puede que, al fin, no fueran tan desgraciadas y disfrutaran de la vida a tope. Lo que sí les pudo ocurrir fue lo del cuento del calderero, que se les alargó la vida y se les acabó el dinero.

      Actualmente toda aquella zona del campo d'as Barreiras es sólo añoranza, soledad y casi abandono. Se percibe la falta de niños que brincaban en el campo, no se ve la cuesta por donde bajaban con los carritos; el arroyo permanece al fondo y sus aguas discurren silenciosas y ocultas por entre la maleza, dando la sensación de cierta tristeza y melancolía por la ausencia de los niños que jugaban con sus aguas; ni tan siquiera se ven las juguetonas lagartijas; tampoco se juega a los bolos los domingos, excepto el día de la fiesta del pueblo. Más arriba continúan las ruinas de la casona y la cerca de la huerta como una alegoría de lo que fue; desapareció Pepe de Concepción, que tantas veces subió agua de la fuente de las Barreiras, situada allá al fondo del prado junto a un gran abedul, y colocó los bolos en la bolera, murmurando su original juramento, ¡mecago'n demonio!; desapareció también su buena mujer llevándose los bellos recuerdos de todo este entorno, sobre todo de los niños que tanto le gustaba tuvieran por allí, dando vida y bullicio a aquel rincón de Miudeira. También se nos fue Pepe d'as Barreiras con su acordeón y sonrisa "maliciosa", que tanto les hacía "rabiar", cariñosamente, a los pequeños. Sí desaparecieron todas estas personas y también aquellas pobres mujeres, quedándonos a los mayores sólo el recuerdo de estos encantos y de aquellos buenos vecinos de cuando éramos niños felices, ¡muchos niños!.