viernes, 25 de mayo de 2012

AMOR SECRETO, REVELADO


AMOR SECRETO, REVELADO

(Relato costumbrista) 

Por Vicente Pérez S. (Miudeira) 

      Ya pasó un año y estamos otra vez colaborando en los libros de fiestas. Este año, por primera vez, en este de las fiestas del Ángel, en Viavélez, tratando de amenizarlo, en lo posible, con una pequeña historia que, a su vez, me ha contado un amigo, dado el conocimiento que tenía de estas narraciones, un tanto curiosas. Es una historia de hace bastantes años, ya que es un poco mayor, pero la recuerda con mucho cariño, puesto que, aquel su “amor” secreto de niño, tuvo la casualidad de hacerlo realidad, descubriéndolo a la que ahora es su esposa. Aunque este no es el caso –me dijo- ¿quién no ha tenido en su vida un amor secreto que nunca nadie supo de él, ni tan siquiera la persona amada? Pero, vayamos a esta tierna narración costumbrista, dedicada a los vecinos de ese hermoso pueblo, pesquero y turístico, de Viavélez:
       A Gabriel, cumplidos ya los seis años, su padre le anuncia que el próximo lunes tiene que empezar a ir a la escuela. Al oír esto, al niño se le vino el mundo encima, pues era muy tímido y estaba muy bien en su casa, donde su padre ya le enseñaba muchas cosas, tanto que escribía y leía, deletreando, varias palabras, incluso, algún cuento; conocía los números y dibujaba. Era un niño muy inteligente, pero había que ir a la escuela. La víspera fue un día muy triste para él. Llegado el lunes, lo llevó su progenitor en su caballo blanco y lo dejó en el colegio, donde una ejemplar y buena maestra enseñaba a un montón de niños, pues en aquellos tiempos eran muchos: unos 40. Los primeros días fueron para el muchacho como una pesadilla, pero poco a poco se fue adaptando, tanto que su ilusión era la escuela y no la quería perder por nada: se le daban muy bien los estudios, aceptó la compañía de los otros niños y estaba encantado con su maestra.

        Fueron pasando los años, siendo uno de los mejores alumnos. Cuando cumplió los 12 era el más adelantado del colegio. Pero Gabriel, además de estudiar, se fijaba en otras cosas: adosada a su escuela estaba la de niñas. Tanto los niños como las niñas, salían a recreo a la misma hora, aunque cada una de las aulas tenía su propio campo recreativo. Gabriel observaba a aquellas pequeñas que tanto jaleaban con sus juegos, cantos y otras actividades. A sus oídos llegó todo aquel griterío, -algo que a ningún niño parecía interesarle, ni a él tampoco, en principio- que un día le sobresalió de las demás, la voz y la risa de una niña que le llamaron la atención, hasta el punto de que, poco a poco, le fascinaba y le traía obsesionado, pero no sabía qué niña era. Ante esta incógnita, decidió averiguarlo por su cuenta, observando con disimulo cómo jugaba aquel montón de niñas en un revoltijo difícil de controlar, máxime cuando todas vestían uniforme blanco con finas rayas azules. De cualquier forma decidió fijarse en ellas con más detenimiento. Algunas le miraban sin más, otras se paraban y se reían y, alguna, llegó a decirle: este niño parece tonto. Pero es guapo, decía otra, riéndose y continuando corriendo. Por otra parte, los otros niños también se dieron cuenta de este proceder de Gabriel, hasta preguntarle qué estaba mirando allí, si le gustaban las niñas. Gabriel no decía nada. Estaba abrumado y le daba la sensación de que, en realidad estaba haciendo el ridículo, pero esto no le impedía seguir con sus compañeros y en sus trece de averiguar qué niña era la que tanto le intrigaba. Al fin un día logró saberlo: era una jovencita, de más o menos su edad; rubia, cuya larga y dorada cabellera, sujeta con una cinta del color de su uniforme, corriendo, le bamboleaba, de hombro a hombro, por la frágil espalda. Desde ese día no dejó de acercarse con disimulo y fijarse bien, hasta poder ver, de pura casualidad, sus azules ojos y unos brillantes zarcillos colgando de sus pequeños lóbulos auditivos. Desde entonces se prendó de la niña: su figura, su risa, su pelo, su manera de correr y gritar por entre todas las otras compañeras, teniéndola constantemente en su pensamiento. Soñaba con ella, le escribía cartas a su manera –sin enviarle ninguna, claro- y, aunque era de su misma parroquia, no era para él nada conocida. Ni siquiera sabía cómo se llamaba. Iba pasando el tiempo, y aquella obsesión se le hacía cada vez más pronunciada, hasta ser para él lo único que admiraba en su vida diaria. El niño, sin saberlo, parecía estar “enamorado” de la chiquilla. Si para él, ir a la escuela se convirtiera en un placer a los pocos días de escolarizarse, pese a que su inicio había sido un poco penoso, ahora tenía dos motivos muy importantes para ello, puesto que, a su afición por los estudios, se le añadió aquella colegiala que estaba allí tan cerca. Con infantil inocencia pensó muchas cosas para poder hablar con ella o demostrarle su admiración, pero las fue desechando todas, puesto que para la niña, él era uno de tantos: no se conocían, ignoraba sus sentimientos… En fin, nada de nada; por lo que le pareció una tontería dirigirse a la chica, además: ¿Qué le diría? Por otra parte, era una niña y él un niño. Dos niños que no sabían nada de sentimientos amorosos, ni tan siquiera sus nombres. De todas formas, durante el tiempo de escolaridad siguió con su obsesión, logrando saber que se llamaba Martina. Luego que dejó la escuela, por haber cumplido 14 años, la veía muy poco, como no fuera en la iglesia o alguna vez por casualidad. Gabriel, dos años mayor que ella, dejó la escuela sin que pudiera hacer estudios superiores. Su padre le envió a un taller de electricidad e hizo un cursillo sobre esta materia, que le gustaba mucho, consiguiendo ser titulado. Cuando cumplió la edad para trabajar y después de hacer la mili, su padre, un tanto influyente, lo colocó en un taller de electrónica, cerca de Oviedo. Allí empezó a trabajar no ganando mucho, pero poco a poco se fue especializando y llegó a tener un sueldo respetable. No supo más nada de Martina, aunque cuando venía a su pueblo, la veía, como a otras muchas, pero nada más. No estaba al tanto de su vida. Tampoco le importaba, puesto que aquella especie de pasión infantil, se había apagado con el tiempo, sin que dejara de pasar por su imaginación como un tierno y hermoso recuerdo o una simple bobada de niño sentimental.

       Pasó algún tiempo. Gabriel seguía en su trabajo, pero de vez en cuando, mayormente los fines de semana, cogía el tranvía, que campanilleaba por el lugar, e iba a la ciudad para ir conociéndola y disfrutar un poco del tiempo libre, pues, además, continuaba estudiando, al paso que trabajaba. En uno de estos viajes y en una parada del vehículo, se sube una chica con una abultada carpeta en la mano; chica que le pareció conocida, pero en aquel momento no estaba seguro de quien se trataba, ya que iba mucha gente, casi todos estudiantes. Luego, cuando se apearon, pudo comprobar que era Martina, quien, una vez en la calle, se alejó, con mucho donaire, con los demás, pareciéndole que se dirigían hacia la zona de las escuelas universitarias, aunque Gabriel no sabía que estuviera estudiando en Oviedo. No obstante, de momento no le causó más sensación, sino que le pareció muy guapa.

      Trnascurrieron algunos meses, durante los que la vio alguna que otra vez subirse al tranvía, siempre en la misma parada, sin que hubiera nada más ni ella se percatara. Pero un día, por casualidad, se encuentran en la calle frente a frente, sin poder disimular, ninguno de los dos, la sorpresa de que se conocían. (A veces no nos hablamos o no llevamos ninguna relación con las personas que viven en nuestro pueblo y las estamos viendo a menudo, pero si las vemos en un lugar lejano, donde todo el mundo es desconocido, nos paramos para saludarnos y la pregunta surge enseguida: ¿Qué haces tú por aquí? Eso digo yo, ¿Y tú que haces en Oviedo?). Eso fue lo que se dijeron, y de que ella estaba estudiando Magisterio y él trabajando en un taller de electricidad, alegrándose de verse y que, con toda probabilidad, se verían más veces, ya que no estaban muy alejados y no tenían conocidos por allí. Así fue: Gabriel, que ahora no era aquel chico tan tímido, pasado algún tiempo, coincidió varias veces con ella, sin ninguna idea concreta, ya que no estaba pensando en aquella bobada de la escuela. Así las cosas, se inició entre ellos una buena amistad, hasta salir casi todos los domingos por la ciudad y llegar a pasárselo muy bien entre los dos, tanto que Martina lo pasaba mejor con Gabriel que con sus amigas de estudio, por lo que parecía que todo aquello iba ya un poco en serio. A ella le faltaba un año para terminar su carrera y él tenía un buen empleo en la empresa. Como anécdota, Gabriel cuenta que le estaba llamando Marta y ella le aclaró –cuando ya eran muy amigos- que se llamaba Martina, que no era lo mismo, y, para que no hubiera dudas, que su onomástica se celebraba el 30 de enero. El chico le aclaró que creyó que lo de Martina era diminutivo de Marta, mientras fue una niña, por lo que ahora debía llamarse Marta. Pero, por lo visto, no era así. (No se atrevió, entonces, a decirle lo que sintió por ella cuando iban a la escuela y sabía su nombre. Tampoco la chica le preguntó nada por lo que sabía de cuando eran colegiales).
       Aunque Gabriel ya tenía 22 años, y perdiera parte de su timidez, no era muy hablador; sí un poco presuntuoso, elegante y de buen parecer. Nunca salía sin corbata, algo muy en moda en aquellos tiempos, sobre todo en Oviedo, una ciudad un tanto señorial. Por su parte, Martina era una chica sencilla, habladora, muy coqueta vistiendo, y de una sonrisa que embelesaba a cualquiera, cosa que ya había observado Gabriel cuando la conoció en el cole. Todo esto fue motivo para que Gabriel fuera muy galante con ella, perdiendo su terca timidez y creando en la joven simpatía hacía él, algo que nunca pensó que pudiera ocurrir, dado el carácter atractivo, casi presumido, que observó en Gabriel, cuando le conoció. No obstante, sin declararse mutuamente lo que cada uno sentía por el otro, se daban cuenta de que se estaba gestando un gran cariño entre los dos, como lo demostraba el gran interés que los dos ponían en verse casi todas las tardes, charlando sin parar. En aquellos tiempos en los pueblos no era habitual que una pareja se cogieran de la mano, ni mucho menos se dieran un beso en público, pero estaban en una ciudad – que era muy distinto- y todo esto fue surgiendo como algo casual poco a poco, hasta ir cogidos por la calle. Tampoco nadie les conocía y no les daba más este proceder. Cuando regresaban de paseo o de ir al cine –al baile sólo fueron una vez, pues les resultaba muy cara la entrada- se despedían estrechándose detenidamente sus manos: primero una, luego las dos; luego un disimulado beso en las mejillas, luego… Al llegar a este punto, Gabriel creyó oportuno descubrirle su admiración por ella cuando iban al colegio:
     -Tengo que revelarte un secreto, Martina - Seguidamente le contó lo que ya sabemos: su “apasionada” contemplación hacia aquella niña cuando iban a la escuela. Un “enamoramiento” inocente de niño que le había obsesionado. Martina escuchó, sorprendida, con toda atención, mirando sin pestañear, a los brillantes ojos de Gabriel. No podía creer que cuando era una niña alguien, con tales sentimientos, estuviera pendiente de su diminuta persona, no pudiendo menos que darle un apretado y prolongado abrazo a aquel joven que ya la había “querido” cuando sólo contaba unos 10 años y que, después de pasar tanto tiempo, la casualidad le hiciera sentir aquel gran amor, por quien se había fijado en una niña que sólo pensaba en jugar y que nunca se le ocurrió, ni por asomo, fijarse en ninguno de los numerosos niños que jugaban allí tan cerca, donde había uno que sí estaba pendiente de sus juegos, de su risa y hasta de sus ojos azules y zarcillos. Que sí, que luego todo se fue apagando, pero que nunca dejó de recordarla como un hermoso sueño de niño. Todo aquello emocionó de tal manera a la joven, que le era imposible separarse de aquel chico que la quería desde siempre. Una casualidad que no se da casi nunca, pero que, en este caso, aquel “amor” secreto fue revelado por el propio protagonista, a la que ahora quería con toda su alma, porque ella también le correspondía con apasionada emoción.
       Martina terminó su carrera de Magisterio y marchó para su pueblo en espera de obtener plaza en una escuela. Por su parte, Gabriel se quedó en la ciudad trabajando; pero, no por esto impidió siguieran sus relaciones, incluso más intensas, casándose a poco más de un año, pasando a vivir a aquella misma ciudad, donde Martina, a duras penas, consiguió una plaza en el colegio La Gesta I de Oviedo, acomodándose en un modesto apartamento, durante unos tres o cuatro años. Más tarde, cuando ya tenían dos niños, compraron un piso más amplio y siguieron viviendo en la capital asturiana, siendo un matrimonio muy feliz, con el recuerdo de aquel “amor secreto” de Gabriel; “amor” que constantemente estaban descubriendo. Hoy, Gabriel está jubilado y a Martina le falta muy poco tiempo.

       Dice Gabriel que nunca pensó que su vida “amorosa y matrimonial” pudiera surgir ya cuando sólo tenía unos 10 años, cuando entró en su mente –no en su vida- aquella colegiala que se convirtió, mucho después, en su amada esposa. El destino –dice- tiene, a veces, cosas tan simpáticas y transcendentales como ésta.

EL REFANXO DE ISIDORA

                                             EL  REFANXO  DE  ISIDORA
                                                  (Relato costumbrista)
                                                    Por  Vicente  Pérez  Suárez

      Cuando una persona va pasando por la vida, sin percibirlo acumula o graba en el cerebro “electrónico” de su mente, todos aquellos acontecimientos que han ido sucediendo en el transcurso de su existencia, entre los que se encuentran una serie de historias y anécdotas que, si cuando ocurrieron no tuvieron mayor resonancia, o se las dejó ir sin más, al correr de los años, repasando el “disquete” de nuestro “ordenador” cerebral, fluyen nuevamente como recuerdos de una época lejana que nos refieren costumbres, sucesos y personas curiosas y anecdóticas que, al recordarlos, da la sensación de vivir un poco aquellos tiempos ya muy lejanos. Sí, es cierto, también quedan en esta grabación historias tristes, porque la vida tiene de todo, y todo queda almacenado en nuestra mente que, si parecen olvidados, al pasar el tiempo fluyen, digo, a la memoria como algo real que fue y nos dejó una grata o triste impresión.

     El caso que voy a relatar que, aunque se inicia en Miudes, tiene un final relacionado con Cartavio, puede que no sea triste ni alegre, pero sí tiene la sensación de una tierna anécdota que muchos conocerán y recordarán con cierta melancolía.

      Hace mucho tiempo, -cuando yo era niño- allá por los años cuarenta, apareció por la zona de Miudes una señora, cuyo origen parece que fue el hospicio, de donde fuera recogida por una familia de la parroquia. Tenía el inconfundible acento argentino, a cuya nación americana emigrara –no sé cómo- permaneciendo allí muchos años. Cuando volvió, digo, eran los tremendos años de la posguerra civil; su familia de adopción no la quiso recibir, pero lo más penoso fue que algunos vecinos lo tomaron con ella, acusándola de ROJA, algo muy grave en aquella época, en la que todo el mundo debía ser de otro color, lo que hizo que la desdichada mujer viviera errante y casi escondida, solamente amparada, en lo que le era posible, por el párroco, quien aseguraba que aquella señora era una infeliz que no entendía de colores políticos para nada. Muchos de esta zona la conocieron y todavía la recordarán: se llamaba Isidora. Isidora era un “pedazo” de mujer, aunque algunos dudaban de si verdaderamente sería femenina, dadas sus características físicas y voluminosas: era alta, gruesa; tenía voz masculina y un rostro velludo de fisonomía varonil, con unos pequeños ojos casi ocultos entre sus pobladas cejas, que le daba, todo ello, cierto carácter un tanto brusco, duro y muy poco atractivo; aunque muchos decían de ella -como el propio párroco- que era una persona muy franca, honrada y de mucha firmeza. Vestía siempre ropajes grises de prendas enteras, abrochadas de arriba abajo con botones grandes, dejando asomar unos centímetros, por debajo de aquellos faldones, el clásico refanxo de bayeta colorada, prenda muy usada por las mujeres de la época. Cubría su cabeza, ya fuera verano o invierno, con un gorro de lana, y durante el estío iba calzada con unos grandes zapatos negros de hombre, que debían ser del cuarenta y tantos; mientras que de invierno protegían sus grandes pies unas enormes madreñas que aún la hacían más alta. Caminaba despacio, un poco echada adelante, pues era ya mayor, y sus lentos pasos los marcaba con un cierto vaivén a derecha e izquierda. Siempre llevaba una gran espuerta en la mano y, en la otra, le servía de apoyo un enorme paraguas de caballero, con varilla de hierro. Todo en ella era grande. Cuando veníamos de la escuela y la saludábamos, nos contestaba siempre: ¡Adiós, muchachos! Era una empedernida fumadora e iba todos los domingos a la misa del “día”, la última, a las doce de la mañana
      Como digo, por los años de la posguerra Isidora andaba errante e insegura por estos lugares, pues algunos sospechaban que pudiera ser roja. La verdad es que no sé qué veían de roja en ella como no fuera el dichoso refanxo. El párroco de Miudes, D. Manuel Galán, le daba cobijo para dormir en la capilla del cementerio, porque allí estaba más segura y ella no tenía miedo a los muertos, sino a los vivos, según la pobre mujer decía cuando le preguntaban, algunas personas de su confianza, si no tenía miedo a dormir en el camposanto. En aquella época, la cosa política era muy complicada, pues hasta el cura iba a dormir al monte, junto a la fuente de Sta. María que estaba allí cerca, fuente que todos conocemos y aún sigue manando agua como si nada hubiera ocurrido durante aquellos tristes años. No estaban los tiempos para bromas, y había que tener cuidado hasta con los trapos “rojos”, aunque todo esto era cosa de gente revoltosa y de poca cultura, como se verá.
      Las cosas se complicaron cuando un menudo personajillo, vecino de la zona que, parece ser, según parangonaba él mismo, era del “comité” de un partido político de derechas; aunque este individuo no debía tener ni puñetera idea de política, ya que no existían partidos, ni de derecha ni de izquierda. Daba la sensación, decían, de ser un pobre ignorante capaz de hacer cualquier bobada que le pudiera costar cara. Vivía solo, era jornalero y cuidaba sus tres o cuatro vacas y un burro (asno) entero, que era el escándalo de todo el pueblo, dadas sus aficiones por las burras. Los que le conocían, murmuraban diciendo de él que sus comportamientos eran un tanto absurdos, incoherentes e ingenuos: cuando comía, primero tomaba todo el vino o el agua que le servían y continuaba comiendo a secas; las herramientas de trabajo las cogía todas con la mano izquierda, excepto el lápiz, puesto que nunca escribió una palabra ni un número; cuando tenía una vaca de parto, a diferencia de lo que hacían los demás ganaderos invocando a S. Antonio, (es sabido que este santo era el patrono de los animales, ahora parece ser que es S. Antón) él invocaba a Sta. Barbara. Otra costumbre curiosa de este individuo era que, cuando no tenía hierba en sus prados para las vacas, iba con el burro y la guadaña y segaba una carga en cualquier finca de un vecino. Era tan torpe que, en cierta ocasión, siguiendo la costumbre de los labradores de clavar la guadaña en la carga de hierba que llevaba el burro, se la clavó en la barriga del animal. No debía saber ni tener arte para nada y menos para la política; aunque siempre se cachondeaba que era “d’as derechas”. El caso fue que, aprovechando esta coyuntura, unos bromistas le propusieron que le nombraban miembro del comité de la zona, si se comprometía a la “búsqueda y captura” de Isidora, y llevarla al cuartel, por ser roja. El “político” tomó el encargo en serio, originando una broma demasiado pesada, puesto que aquella mujer no se ocupaba de nadie y menos de la política: simplemente regresaba muy pobre de Argentina, iba a misa todos los domingos, pernoctaba en el cementerio y fumaba.
       Una vez aceptado el caso, el individuo en cuestión, al mismo tiempo que trabajaba y atendía sus vacas, estaba obsesionado con la idea del ascenso si atrapaba a la pobre Isidora. Pero no le iba a ser fácil, ya que ella sospechaba algo del asunto y conocía a su enemigo, por lo que procuraba esquivarlo lo más posible: no salir por la noche, procurar que la viera gente, evitando sitios solitarios, algo que no le era siempre posible en aquellos tiempos, ya que todo eran caleyas poco transitables; aunque tenía a su favor que el encargado de capturarla no era el más apropiado para esta clase de trabajo. Más un buen o fatal día de mucho frío, de pura casualidad, se encuentran en un callejón escondido y abrigado, cuando el “político” venía de segar hierba, con la guadaña al hombro. Al verla se puso nervioso, increpándola y amenazándola con la peligrosa herramienta:
      -¡Ha! ¿veis ehi, condenada roja? Ahora mismo baxas comigo al cuartel D’a Caridá.
      La infeliz Isidora ni se inmutó. Era valiente, no tenía miedo; pero también se daba cuenta de que estaba ante un loco armado y no le era posible hacer nada. Por otra parte, nada debía temer, puesto que no hiciera daño a nadie ni entendía de rojos ni de verdes. Por ello le preguntó:
      -¿Y por qué me llevas al cuartel? ¿Quién eres tú para detenerme?
      -Soy “d’as derechas y tú es roja, ¡condenada veya! Fay tempo que te taba buscando y hoy chegou el día. Seguramente me ascenderán si te entrego.
      -¿Te ascenderán a qué?-preguntó la pobre mujer, con voz bronca, mirándole de soslayo.
      -Ascenderánme de categoría -dijo el “político”.
      -¡Eres un burro! Tú no tienes ascenso a nada. –Le increpó Isidora, que no se amilanaba fácilmente, mirando la peligrosa guadaña. Pero el “político” la empujó, para que caminara delante de él por la carretera de Miudes abajo, que estaba allí cerca entre los pinos, en dirección a La Caridad. La detenida no vio otro remedio que obedecer, murmurando consigo misma y mirando, con un ojo para delante y otro para atrás, a aquel irresponsable que la llevaba con aquella peligrosa arma.
      Cuando iban a medio camino, al “político” le pareció que no debía llegar al cuartel con la guadaña, y la lanzó al monte sin perder de vista a su prisionera. Un poco más abajo, viendo que la cosa parecía ir bien, sacó petaca y papel y se dispuso a liar un cigarro, siendo este el momento que Isidora –que no lo perdía de vista—aprovechó para dar media vuelta, tirar la espuerta y emprenderla a paraguazos contra aquella debilucha “autoridad”, metiéndole la punta del paraguas en un ojo, mientras ahora le ordenaba ella:
      -¡Venga! Vamos los dos para el cuartel, pero tú vas delante. ¡Vamos, camina rápido! –le increpa, cogiendo la espuerta y pinchándole por atrás con el paraguas.
      El politicastro se anonadó de tal manera, al verse sorprendido, casi ciego y desarmado ante aquella mole de mujer que se le venía encima, que no pensó otra cosa que tirar para adelante. Al fin y al cabo, se decía: -“qué más da ir delante que detrás” lo importante e que esta veya vay comigo-. Por otra parte, el “politiquillo” tenía bastante que hacer con restregarse y limpiar el ensangrentado ojo, pues le daba la sensación de que la “roja” se lo sacara con el maldito paraguas.
      No tardaron en llegar a La Caridad, ya que Isidora aguijoneaba fuertemente a su prisionero, a fin de que caminara rápido y no le diera tiempo a pensar otra cosa. Isidora iba dispuesta a todo: quería saber de una vez qué era lo que le quería la guardia civil. Una vez en el cuartel, les recibe el guardia de puerta, a quien Isidora explicó lo que había pasado. El guardia se lo comunicó al comandante del Puesto, pasándolos seguidamente a su despacho que, aquel día, por ausencia del habitual sargento, lo presidía un cabo, quien conocía al “político” y a su detenida. Visto el cuadro, el cabo mandó llamar a un guardia y le ordenó que llevara al “político” al médico. Luego, dirigiéndose a Isidora, le dice:
      -Y a usted, señora, le aconsejo que se vaya lejos de esta zona y se quite esa prenda roja que lleva debajo de su falda, de lo contrario podrá seguir teniendo problemas.
     La pobre mujer, mirando al cabo, preguntó:
    -Es que, señor guardia, ¿no puedo ir vestida con lo que tengo?
    -Siga mi consejo –le dijo el cabo- y no creo que la vuelvan a molestar.
    Desde aquel día, Isidora desapareció de esta comarca; no obstante, algún tiempo después, volvió por Miudes. Era su tierra, donde casi había nacido y criado hasta que marchó para Argentina y, cuando volvió, no la quiso recibir nadie. Ya no llevaba el refanxo de bayeta colorada, tampoco nunca más volvió a dormir en el cementerio, pasando a vivir en una casita en Xonte (Cartavio), teniendo mucha amistad –según dicen- con el coronel castrense, D. Julián, quien la protegió y, sin que nadie la volviera a molestar, continuó yendo a Miudes todos los domingos, vestida y calzada de la misma manera: con su larga bata, sus grandes zapatos y altas madreñas y el gorro en la cabeza. La única diferencia era que, ahora, el refanxo, que seguía asomando por debajo de su vestimenta, era blanco en vez de rojo. Llevaba también el famoso paraguas y la espuerta. Continuaba fumando, caminando lentamente, con el mismo ritmo y saludándonos a los niños cuando íbamos o veníamos de la escuela o el catecismo:
     -¡Adiós, muchachos!

jueves, 24 de mayo de 2012

TOPONIMIAS POPULARES DE LOS LUGARES DEL CONCEJO DE EL FRANCO

TOPONIMIAS POPULARES DE LOS LUGARES DEL CONCEJO DE EL FRANCO

INTRODUCCIÓN
Esta toponimia del significado de casi todos los barrios y pueblos del concejo de El Franco que me propongo, no se trata de un significado documentado, sino popular-personal, si bien, en algunos topónimos se ha recurrido a alguna información que parece o se dice documentada, pero dejándola siempre a la interpretación del lector y de los propios “entendidos”, entre comillas, ya que muchas, por no decir la mayoría, de esas toponimias que se dicen ser documentadas, ofrecen muchas dudas con sus variados y supuestos significados. Se dan casos en que no se sabe absolutamente nada, como es el caso de Miudeira o, incluso, Miudes. Otros, en cambio, su toponimia es muy clara y no ofrece ningún problema, como iremos viendo en el transcurso de este toponímico popular.

Ya en mi libro “Antes y ahora del concejo de El Franco” hago alusión al significado de algunos topónimos, como el caso de Arancedo, Caroceiro y algunos otros; pero no se advierte que se trata de toponimias populares que, probablemente no tengan nada que ver con la realidad. En el caso de Arancedo se dice que araban cedo (antes que en otros pueblos) o madrugaban mucho para arar sus fincas (cedo, en El Franco, significa temprano), sin embargo, la toponimia que se dice documentada sobre el nombre de Arancedo, dice que viene de la voz, de antes de los celtas, ARA, pero, según otros, también puede ser de la voz vascuence ARÄN, de valle o ARANTZ, riachuelo, formando así el nombre de ARANZETO. Y ahora viene la pregunta: ¿Por qué adoptó el nombre de Arancedo y no continuó con Aranzeto? ¿Cosa de pronunciación…?. Otro tanto puede ocurrir con el pueblo de Caroceiro-Carroceiro, del que la voz popular parece indicar que en ese pueblo se daba muy bien el maíz, de ahí los carozos de las espigas que todos conocemos, por lo que el pueblo era muy caroceiro; no obstante, esto como digo, no deja de ser una toponimia popular que puede o no tener visos de realidad. Si embargo, documentalmente se le relaciona con carozo, manzano, incluso, con no sé qué de la cebolla, es decir, nada en concreto. Sólo cito estos dos pueblos como ejemplo. A lo largo del escrito seguiremos viendo otras toponimias muy confusas.

Por todo esto, y por no tener documentación que acredite seguridad –pienso que, en la mayoría de los casos, nadie la tiene- he prescindido de los significados celtas, griegos, romanos, latinos, etc. para no complicarme las cosas y que el lector y, al mismo tiempo, los vecinos de los respectivos pueblos que citamos, tengan una idea, si no cierta, sí sin misterios ni significados que, en muchos casos, digo, es muy variada, supuesta, dudosa y, hasta contradictoria. Ciertamente, yo no voy a contradecir nada, ni menos competir con los entendidos en estas cuestiones, ya que ellos tienen bases y fundamentos para documentar ciertos topónimos –no todos, ni mucho menos- por lo que sólo me remito a la voz popular la que, en la mayoría de las ocasiones que se habla de estas cuestiones, tiene mucho que decir al ser transferidas de generación en generación, lo que nos da pie, en su mayoría, para tenerlos muy en cuenta. Algo de esto pasa también con muchos nombres o apodos con que se denominan los nombres de las casas, pero ésta ya es otra historia. Todo ello, pienso, es obra popular, que, en numerosos casos, se han degenerado por la pronunciación.

Debemos tener en cuenta también, que algunos nombres fueron castellanizados –no por la dictadura franquista, como se argumenta, pues, al menos, desde 1901, en las actas municipales se vienen castellanizando los pueblos de Paraxúa por Parajúa; A Llagúa por La Laguna; Carbexe por Carbeje, San Xuyán por San Julián etc., sin embargo, no aparecen castellanizados Farineiro por Harinero; Miudeira por Miudera; Castello por Castiello; Perdigueiros por Perdigueros, etc.. Otra cosa que debe tenerse muy en cuenta, como decimos más arriba, es la degeneración que estos nombres han sufrido a lo largo del tiempo, tal es el caso de Llebredo o Lebredo por Llobredo, San Pelayo por San Polayo, etc., cuando, es de suponer, se trata de pronunciar la e por la o, es decir, se redondea la e en la pronunciación.

Sin más, vamos a dar comienzo a esta toponimia popular, tratando de documentarla en algunos casos, y lo vamos hacer por parroquias, siguiendo, más o menos, un itinerario territorial continuado.

PARROQUIA DE MIUDES

CASTELLO: Parece no caber duda de que su toponimia viene de castillo, como popularmente se cree, además de justificarlo, según algunos escritos, el hallazgo de objetos y restos de un posible castillo o fortaleza, llamado Castillo de Aguilar.

MIUDEIRA: La toponimia de este pueblo no aparece descifrada, que yo sepa, en ningún escrito, pero todo da a entender que deriva de Miudes y, tanto Miudeira como Miudes, incluso Mohías –que nada tiene que ver con El Franco- pueden derivar de Mohices, topónimo del que hablaremos cuando lleguemos a La Caridad.

AS QUINTAS: Puede referirse a alguna quinta señorial que haya habido por el lugar; no obstante, no se tienen noticias de esto.

REVELLÓN – REVEYÓN: Popularmente se dice de las dos formas. Su toponimia popular parece inclinarse por terreno pendiente, rebolloso (arrebolladoiro, como se dice en El Franco). Sin embargo, también se cree que puede deberse al color rojo o rubio.

FERREIRA: Lo lógico es que se deba a hierro (ferro en El Franco), zona ferruginosa o que se trabajaba el hierro.

FARINEIRO: También por lógica y creencia popular se refiere a harina (farina), aunque también se dice que es un lugar donde se daba muy bien el trigo.

VEIRAL: No se sabe prácticamente nada de este topónimo, pero popularmente se cree que viene de veira, lugar situado a la vera de la parroquia e, incluso, del concejo.

FRESNEDO – FREISNEDO: Popularmente se piensa que su toponimia viene del fresno, lugar de muchos fresnos.

COTARELLO: Puede deber su significado a algún coto establecido en el lugar. No se tiene noción de otro significado.

PERDIGUEIROS: Popularmente se cree que su toponimia se debe a terreno pedregoso, como en realidad es. Sin embargo, también se le relaciona con la perdiz (no sé cuantas perdices podría haber o por qué se establecieron en aquel pequeño territorio).

A GRANDELLA: Su toponimia puede referirse a lugar grande, arenoso y terreno un tanto estéril, aunque ahora no tiene nada de estéril ni nunca fue un lugar grande.

AS PONTES: Lógicamente se debe a los puentes (pontes) que habría y todavía hay para pasar por el pequeño río y algunos arroyos del lugar.

PIANTES: Lo mismo que el anterior, puede deberse, igualmente, a puentes.

VILLAR: Puede deberse su topónimo a villa, y, con más razón, habiendo en el pueblo el antiguo palacio del marquesado de Santa María de Villar, con una capilla dedicada a Santiago, por lo que, sin duda, aquel lugar tendría carácter de villa.

A MOLLEDA: Popularmente, todos los lugares que llevan este nombre, se consideran con el significado de terrenos húmedos, molledosos y encharcados.

GODELLA: A nivel popular se piensa que su toponimia procede de los godos; aunque no sé que harían allí los godos, en tan pequeño lugar, ya que no se tiene rastro de ellos. En Asturias hay varios pueblos de nombre parecido: Goda-Godán-Godda en el concejo de Salas; Godexal, en Cangas de Onís; Godina, en Pravia; Godón, en Valdés; Godos y Goxe, en Oviedo. En la provincia y arábiga comunidad del partido judicial de Paterna, comarca de Phorta de Valencia, existe, con el mismo nombre de Godella, un municipio agrícola, explotaciones avícolas e industrias maderera y textil. Tiene una extensión de 8,3 km2. y 11.080 habitantes. La ciudad se caracteriza por su casco antiguo de calles estrechas, oscuras y peatonales, que le dan su carácter de la antigüedad árabe. Luego existe el entorno de estilo moderno, con chalés y otros edificios urbanos, que dan a la ciudad características modernas. También existe Godelleta, otro municipio valenciano, partido judicial de Requema, comarca de la Hoya de Buñol. Tiene 37 km.2 y 2.365 habitantes, ciudad de características semejantes a la de Godella. En el año 2005, se estableció relación entre estos pueblos de Valencia y El Franco, haciéndose una visita mutua. No he visto escritos que relacionen estos pueblos con los godos o visigodos, rama del pueblo Godo establecido en España hasta el año 711; aunque, a los españoles todavía, en ocasiones, se nos sigue llamando despectivamente godos. Lo extraño es que en España sólo existan, con “derivación” goda, los pueblos citados, cuando este pueblo visigodo permaneció en toda la nación durante siglos.

CABALLEIROS: Debe ser originario de caballos, según lógica y opinión popular. Un lugar donde se pudieron criar caballos.

PARAXÚA – PARAJÚA: De este lugar no se conoce ningún significado popular, aunque algunos lo relacionan con páxara (mariposa). En las actas municipales, desde 1901 –por lo menos- viene castellanizado como Parajúa.

PARROQUIA DE ARANCEDO

ARANCEDO: Véase su toponimia en la introducción.

AS BARROSAS: Lógicamente su significado puede referirse a barro –palabra de origen céltico- terreno barroso, como parece serlo y, popularmente, así se cree.

A FIGUEIROLA: Es de pensar que este topónimo se deba a figueira (higuera), lugar de muchas higueras o figueiras, como popularmente se cree.

GUDÍN: Se supone que se refiere a algún apellido, pues no se conoce otro significado.

EL CASTRO: Sin duda, esta toponimia se refiere a Castrum, poblado romano que realmente existió en el lugar.

FOLLARANCA: Popularmente se cree que procede de follas-foyas (hojas), en este caso, de los muchos árboles que abundan por la zona. También se opina que tiene relación con barro, lodo, charco e, incluso, suciedad. Puede ser así si pensamos que la acumulación de mucho follaje ocasiona suciedad barrosa, sobre todo en lugares llanos.

EL COUZ: Popularmente hay que pensar en la coz que puede dar, por ejemplo, una mula (couz o couces en el habla de El Franco); sin embargo, este significado parece un tanto ingenuo, pudiendo haber otras derivaciones, como de otros muchos barrios, en las que no queremos entrar, ya que estas toponímias tienen, como se dijo, origen popular. Puede derivar del latín Calicem (vaso para beber), pero tampoco es más creible.

PUMARÍOS: Se supone que deriva de pomarada de árboles frutales e, incluso del apellido Pumarino.

EL CANDAL: Puede referirse a escanda (centeno o trigo cuando va madurando. Caña seca).

EL CARBAYO: Sin ninguna duda, esta toponimia está relacionada con el roble, llamado carbayo en la pronunciación de El Franco.

INXERTEDO: Popularmente se relaciona con injertar (inxertar, en el habla de El Franco).

AS CASUAS: Vulgarmente se cree que se debe a algunas casas grandes que hubo, o todavía hay, por la zona

LUGAR DE ANDINA – (ANDÍA)

ANDÍA – ANDINA: Popularmente se relaciona a andar, como si fuera difícil (en realidad lo es) andar por este hermoso lugar. Hay quien lo relaciona con encina, pero nada de todo esto es muy creíble.

PENAS: El término pena puede deberse al penoso lugar, sobre todo para el trabajo del campo; no obstante, hay otros lugares peores o similares y no llevan este topónimo. Algunos creen que puede venir de peña-peñas.

EL MAZO: Esta toponimia, casi sin duda alguna, se debe al mazo para trabajar el hierro, mazos que hubo en algún tiempo por el lugar.

ARCENADA: Ni popularmente pude saber nada del significado de este topónimo. Pudiera referirse a un árbol llamado arce, de madera muy dura, en cuyo lugar abundaran, en algún tiempo, estos árboles.

FILIAL DE LEBREDO –(LLEBREDO)

LEBREDO – LLEBREDO: Popularmente se cree, y puede que con fundamento, que esta toponimia se refiere a liebre, lugar de muchas liebres. En las actas municipales del siglo XX está castellanizado como Lebredo, pero se conoce mucho como Llebredo (no Llobredo. Eso es otra cosa).

BUSTEL: Esta toponimia puede venir de busto, o bien de algún apellido del lugar.

PENEDO – PENEDÓIS: Vulgarmente esta toponimia está relacionada con penedo o penedos, en el habla de El Franco, (piedra o piedras) piedra, en este caso, un tanto gordas.

EL PRADÓN: Sin ninguna duda, debe relacionarse con prao o prado grande.

A PANDELLA: Puede referirse a alguna forma o tipo de pan, también puede significar terreno cóncavo, abombado (espandiao, pandín, como se dice en El Franco.

RIOCABO: Puede significar el final del río que lleva este nombre, aunque también se opina que puede ser el inicio del río, por lo que resulta un tanto contradictorio. Sin embargo, debe referirse al inicio del río, ya que es por allí por donde se va iniciando, aunque la palabra cabo, en EL Franco tiene significado de final.

BRAÑAMAYOR: Lógicamente se entiende que debe referirse a una braña mayor, o la braña mayor de El Franco. Este lugar parece que está situado entre La Braña y Lebredo, por lo que puede pertenecer a estos dos pueblos.

PARROQUIA DE LA BRAÑA –(A BRAÑA)

A BRAÑA: Se suelen llama brañas a los pastos altos de la montaña. Lo que ya es otra cuestión, es el significado de braña, ya que existen opiniones muy diversas.

GRANDAMARINA: Podríamos aplicar a esta toponimia lo que decimos respecto a granda: terreno elevado, estéril y arenoso, más lo de marina que, indudablemente se refiere al mar, por lo que se puede pensar en una granda cercana al mar, si consideramos cercano 8 km. que separan este pueblo, del mar.

MENDONES – MENDÓIS: Como se ve, esta toponimia fue castellanizada y no resulta fácil su significado, como no le apliquemos el nombre o apellido Mendo.

BARGAZ – BARGANAZ: Se le puede llamar de las dos formas, y en las actas municipales así viene, pero parece que está castellanizado como Barganaz. Popularmente no hemos podido saber nada sobre su significado; no obstante, pudiera referirse a lugar más bajo dentro de las zonas colindantes.

MERCADEIROS: Lógicamente tenemos que pensar que esta toponimia se refiere a mercado. Posiblemente fuese en la antigüedad un lugar de mercadeo de ganado o de otros productos, como la madera. No aparece nunca castellanizado.

BECERRIL: Popularmente se cree que fuese un lugar donde se criasen muchos becerros y, probablemente mercadeados, más abajo, en Mercadeiros.

AS CABORNAS: Puede deber su toponimia a cuevas, cavernas o huecos en los árboles. Popularmente no se define.

A CAVANA: Es casi lógico que se refiera cueva, llamada, también, en el habla de El Franco, cavana.

VILLARÍN: Debe tener el mismo significado que Villar –villa-, aunque, en este caso, parece indicar una villa más pequeña.

CHAODASTRABAS: Este topónimo aparece en las actas municipales, desde 1901, escrito de varias formas: Chao de las Tablas, Chao d’as Tablas, Chao d’as Trabas y, últimamente está escrito Chaodastrabas. Puede pensarse que, dado que este pequeño lugar de La Braña, es casi llano y hubiera por allí algunos aserraderos de madera para tabla, pudo haber adoptado el referido nombre con que se le conoce.

PENADECABRAS: Popularmente, dado lo escabroso del lugar, se cree que hasta las cabras penaban para caminar por él; aunque, también se atribuye la palabra pena a peña, en cuyo caso sería Peñadecabras, lugar por donde saltaban las cabras. En algunas actas está escrito Pena de Cabras.

A BRAÑOTÍA: Es un pequeño pueblo situado al final del concejo rayando con Boal. Su toponimia debe referirse a braña pequeña. En las actas siempre viene citado con el nombre de Brañotía.

ROMEYE-ROMAELLE: No he podido averiguar nada de este topónimo. En las actas municipales nunca aparece como Romeye ni Romanellius, sino castellanizado como Romaelle.

CAROCEIRO: Esta toponimia ya se explica, más o menos en la introducción. En las actas municipales, desde 1901 aparece escrito también Carroceiro, y castellanizado como Carocero y Carrocero.

PARROQUIA DE SAN JUAN DE PRENDONÉS

SAN JUAN: Indudablemente, la toponimia de esta parroquia se refiere a su patrono San Juan Bautista. Siempre fue conocida con este nombre y nunca, que se sepa, se la llamó San Xuan. Como comentario diremos que el nombre de Juan ha sido tomado como algo despectivo y burlesco si se pasaba a llamarle Xuan, cosa muy corriente, aunque no tanto en la actualidad. Cuando un individuo, aunque no se llamara Juan, hacía alguna bobada o no era lo suficiente razonable, le decían en cara: “tas un bon Xuan”. El nombre de Juan fue evitado en muchas familias por este sobrenombre despectivo. Hoy ya no se tiene muy en cuenta esta “burla”. (Una vez sabido esto, vamos a continuar con nuestras toponimias, retornando desde La Braña a Villalmarzo para continuar por San Juan de Prendonés).

FILIAL DE VILLALMARZO Y SAN JULIÁN – (SAN XUYÁN)

VILLALMARZO: Se cree, y hay algo escrito sobre ello por Marcelino F.F., que la toponimia de este pueblo se debe a que el Ayuntamiento estuvo establecido en este pueblo durante un mes, el de marzo, y, como donde estaba el Ayuntamiento solía llamársele villa, le quedó el nombre de Villa en marzo (Villalmarzo). Ésta es la creencia popular, sin entrar en más posibles significados, lo que no haría más que complicar las cosas.

SAN JULIÁN – SAN XUYÁN: En las actas municipales aparece siempre castellanizado, pero antiguamente se le conocía como San Xuyán. Se cree que en Sueiro vivía un gran propietario de fincas, que apellidaba De La Vega y San Julián, el cual tenía, una extensa propiedad en Villalmarzo, quedándole a aquella zona, una vez desaparecido dicho señor, el nombre de su apellido: San Julián, por lo que lo de San Xuyán parece ser adoptado por la forma de hablar de los vecinos del lugar. Esta parece ser la opinión popular con ciertos signos de historia, aparte, claro, de lo que digan los documentados.

SAMARFÚN: Popularmente no se sabe nada sobre esta toponimia. Se considera que viene de Villa-Marciole, pero no quiero entrar en este lío de palabras.

RIUCABALLOS: Dada la zona en que se encuentra este lugar, parece creerse que su toponimia se debe al riachuelo que pasa por allí, que serviría de bebedero para los caballos que habría por aquellos lugares. Debemos tener en cuenta que se trata de lugares muy pequeños y cualquier cosa le puede dar nombre popular.

LUDEIROS – LLUDEIROS: En las actas municipales aparece escrito de las dos formas. Su toponimia puede deberse a laurel o laureles (Lloureiros, en el habla de El Franco) también puede ser originario de lugar o lugares.

AS PEREIRÍAS: Se puede pensar, popularmente, que éste sería un lugar de muchos perales pequeños.

EL CHAO –CHANO: De las dos formas se denomina en las actas municipales. Popularmente significa lugar llano. (Desde aquí continuamos a la parroquia de San Juan)

LOUREDAL – LOREDAL – LLOREDAL - LLOUREDAL – LLORDAL: Este pequeño pueblo aparece denominado en las actas como Louredal o Loredal. No aparecen las otras tres denominaciones. Posiblemente, y la gente así lo cree, que pudiera ser un lugar de laureles (lloureiros, en el habla de El Franco).

BOIMOURO: Popularmente se piensa que este topónimo deriva de boy mouro, en el habla de El Franco (buey negro). También puede deberse a Bodo – Boo, corriente de agua, de la que tanta pasa por allí; aunque no encaja, por mucho que nos empeñemos, con el nombre que popularmente se le conoce.

BARREIRAS: Con toda lógica, y dado lo barroso del terreno, se supone que este topónimo viene de barro, por lo que habría muchas barreiras por el lugar, de las que se obtenía barro para hacer las casas.

RIUBÓN: Popularmente se cree que esta toponimia se refiere a río bon, un buen río, como es el Bao o Mazo que pasa por el fondo del lugar.

HERVEDEIARAS – HARBEDEIRAS: Puede significar terreno de mucha hierba o de árboles. En las actas municipales aparece escrito de las dos formas y unas veces con b y otras con v.

A REBOLLADA: Popularmente se piensa que puede referirse a superficie pendiente, inclinada, “arrebolladoiro” como se dice en El Franco.

A PERUYEIRA: Popularmente se supone que se refiere a peras, muy abundante de este fruto. No parece referirse a perales, sino más bien a la fruta.

ZARREDO –CERREDO: En las actas viene escrito de las dos formas, aunque más bien como Cerredo. Sin embargo, el significado puede ser distinto: si se dice Zarredo puede significar terreno cerrado, lugar cerrado; per, si se dice Cerredo, más bien parece significa lugar de muchos cerros, como, en realidad, lo es.

AS TERRACÍAS: Es probable que se refiera a terrenos, tierras o fincas pequeñas.

NENÍN: Popularmente se atribuye este topónimo a “neno pequeno” como se dice en El Franco; pero, esta es una opinión que no encaja, ya que tendría que llamarse Ninín, como se dice en el concejo, y no Nenín. Pienso que no tiene nada que ver con el neno.

AS GUARDAS- A GUARDA: Popularmente no se sabe nada, pero todo hace pensar que se refiere a vigilancia o guardia, puede que militar.

SAYANE- SAYAME: Nada se dice ni se sabe del significado del nombre de este pequeño lugar. En las actas aparece escrito de las dos formas.

EL CASTRO: Se dice por aquella zona hubo un castro, de ahí su topónimo.

SUEIRO-SUERO: En las actas municipales aparece, hasta finales del siglo XX, castellanizado como Suero. Marcelino Fernández, en su libro “El Franco y su concejo” dice, más o menos, que este pueblo fue fundado por un tal D. Antonio Álvarez Amago, al que su padre, dueño del famoso castillo de Suarón, ya desaparecido, cedió en dote todo el terreno, toda la finca, o sea, todo “su eiro (es sabido que en El Franco a las fincas se les llamaba y sigue llamándose “eiros”, por lo que le quedó el topónimo de SU-EIRO. Popularmente no se sabe más nada de esta toponimia, aunque hay quien le da, como en casi todos los topónimos aquí descritos, otros significados, que no son del caso explicar. Para conocer más detalladamente este histórico pueblo, en el que estuvo el Ayuntamiento, en otros tiempos, véase el libro “Antes y ahora del concejo de El Franco”.

CUBILLEDO-CUBIYEDO: Puede referirse a cubil, cobijo de animales. Está escrito de las dos formas.

PRENDONÉS: Este barrio, como se sabe, va unido al de la parroquia, San Juan de Prendonés; pero, nada he podido saber de su toponimia, como no sea que era un barrio que prendía, aunque esto es un supuesto muy dudoso y remoto.

PIÑERA: Aunque vulgarmente se dice que este nombre procede de pino o piña, también se sabe que el pino es relativamente reciente en la zona, aunque tampoco sabemos el tiempo que hay que lleva el nombre de Piñera. Puede referirse también a peña, pero tampoco es un lugar peñascoso. Nunca aparece citado como Piñeira.

A LLAGÚA – LA LAGUNA: Parece estar claro que este nombre deriva de laguna, lago o terreno húmedo y encharcado –A Llagúa- . Hay la opinión de que puede referirse a lagar de sidra, pero no le encuentro mucho sentido. En las actas municipales aparece siempre castellanizado como La Laguna.

AS QUINTAS: Rayando con El Franco (Valdepares) está este pequeño pueblo, del que no he podido saber nada de su toponimia. Puede referirse a que en aquel lugar hubiera varias quintas, casas de recreo en el campo, cuyos colonos pagaban por renta la quinta parte de los frutos. Es una opinión.

CARBEXE – CARBEJE: Popularmente se dice que este nombre se refiere a una planta llamada, en Asturias, paniega (carbexe, carbei o carbén en El Franco), planta muy perseguida por los agricultores, dado que no es aprovechable para el ganado e invade las praderas con la semilla y la raíz, evitando la producción de la buena hierba. No obstante, esta creencia popular, pudiera no estar descaminada, pero es un tanto dudosa. Antiguamente, el agua de la paniega cocida, se usaba para curar el muermo. Carbexe está partido por el límite de las parroquias de Valdepares y San Juan, por lo que pertenece a las dos parroquias. En las actas municipales viene siempre castellanizado como Carbeje.

PARROQUIA DE VALDEPARES

VALDEPARES: Esta toponimia, que no responde a ninguna opinión popular, según Marcelino Fdez F., parece que viene de un coto llamado VAL-DE PARES (Val, Valle de un tal Parius, formando así el nombre de Valdepares. Pero, tampoco tenemos que olvidar que existe el apellido Valdepares, precisamente en D. Diego García de Valdepares y otras personas que llevaban este apellido. Lo que no sabemos es si el apellido dio nombre al pueblo o el pueblo dio nombre al apellido, o ninguna de las dos cosas.

PORCÍA: Popularmente se piensa que era éste un lugar donde había mucho ganado porcino. Los entendidos no se refieren en nada a esto del ganado porcino, pero tampoco aseguran otra cosa.

EL FRANCO: Al referirnos a este pueblo, no estamos hablando del concejo de El Franco, sino del pueblo llamado El Franco de la parroquia de Valdepares. El Nombre de este pueblo ha sido objeto de muchas interpretaciones, lo mismo que el nombre del concejo, el cual deriva de este mismo pueblo (véase el primer artículo del epílogo del 1º tomo de esta Crónica). No obstante, parece haberse llegado a la conclusión –puede que con el fin de salir de este complicado topónimo- de que la toponimia de El Franco –y conste que hablamos del pueblo, no del concejo- se debe a la consecución de la franquicia concedida por Felipe II, a finales del siglo XVI, por la que se liberaba de la independencia de la Iglesia. Falta por aclarar qué nombre tenía antes este pueblo o a qué otro pertenecía.

EL VISO: Puede referirse a ver, a visualizar desde algún punto o atalaya

ARMAYOR: Puede suponerse que su significado viene de campo mayor o finca mayor. Popularmente no se dice nada

AS PEDREIRAS: Debe llevar este nombre por ser un lugar muy pedregoso, donde está situada una de las mejores áreas recreativas de Asturias. Parte de este lugar pertenece a la parroquia de San Juan.

ATALAYA: Atalaya es una torre situada en un lugar alto para vigilar, torres que se construyeron muchas en la edad media, en las iglesias y castillos. Podría referirse esta toponimia a alguna de estas torres que pudieron existir en la zona, o a lugar un tanto alto.

PIVIDAL: No se conoce ningún significado de este lugar. Pudiera referirse a algún apellido

FORXEGA-FORGEGA : En las actas municipales, desde 1901, está castellanizado como Forgega. Este topónimo parece indicar sobre alforja o alforxa, en el habla de El Franco, y que el nombre haya degenerado, como otros muchos en Forxega, alforxa fuerte.

FONFRÍA: Popularmente, y pienso que será el único significado adecuado, significa FONTEFRÍA (FUENTEFRÍA).

A BARRACA: Se supone que su toponimia deriva de barracón, barracón pequeño.

EL MARÓN: No se tienen datos sobre la toponimia de este pueblo, donde está situado el campo de fútbol.

A GRANDA D’ARGUL: Puede referirse a campo AGRO-AGRUM, campo, en este caso, bastante grande y terreno arenoso.

EL RABEIRO-EL RABEIRÓN: Lugar cercano As Pedreiras, pero no he conseguido ninguna información sobre su toponimia. ¿Puede derivar de rabo (cola) grande?.

SAN PELAYO: Está muy clara esta toponimia, ya que se refiere al niño mártir, San Pelayo, entronizado en la capilla edificada en su honor, donde se celebraba su fiesta y mercado-feria los martes, antes de pasar para La Caridad. La toponimia San Polayo que le quieren aplicar algunos “entendidos” es una degeneración en el pronunciamiento de algunas personas que redondearon la e, resultando una o, cosa que ocurre con otros muchos topónimos.

A GRANDA: Debe referirse a un lugar ¿grande? un tanto estéril y arenoso. .

MOUREYE-MOURELLE: Popularmente alguien opina que puede significar, en el habla de El Franco, MUYER o MUYERES (mujer, mujeres), pero resulta muy enigmática esta opinión. También puede venir de amoratado, mouro (sucio).

NOVALES: Puede significar terreno amansado, como se dice en El Franco, o roturado por primera vez. También se opina que puede referirse a nabales, de nabos, fincas plantadas de nabos, en cuyo caso había que escribirlo con b. .

A RONDA: Su significado puede referirse a finca redonda, superficie redonda, o, al estar un tanto alejado del resto de los pueblos de Valdepares, por lo que antiguamente, al no haber ciertos caminos, hubiera que “rondar” un poco para llegar a él.

PEDRA: Lógicamente debe referirse a piedra (pedra en el habla de El Franco), lugar de mucha piedra.

MERNES-MERNIES: En las actas municipales y en los libros antiguos, aparece como Mernies. No se ha podido conseguir ninguna información sobre este topónimo.

VIAVÉLEZ-EL PORTO: Aunque una parte de Viavélez pertenece a Valdepares hasta el río Vio, dejamos todas sus toponimias cuando nos refiramos, seguidamente, a la parroquia de La Caridad.

PARROQUIA DE LA CARIDAD – (A CARIDÁ)

LA CARIDAD- A CARIDÁ - MOHICES: Sobre esta toponimia se habla sobradamente en el 1º artículo del epílogo del 2º tomo de mi Crónica de las corporaciones municipales de El Franco y en un artículo publicado en este blog.

SALGUEIRAS: Lógicamente, su toponimia se debe referir a los muchos salgueiros (árboles muy comunes en la zona) que hay por allí; aunque, también existen abedules, alisos, carbayos, etc.

A COBA: Puede derivar de cueva, cabaña (en el habla de El Franco, cova, cavana; aunque, entonces debía escribirse con V y no con B. Es una opinión popular. No está castellanizado como Cueva.

A CALEYA: Por lógica, se entiende que debe venir de caleya, mal camino, como eran casi todos antiguamente, siendo probable que fuese uno de los primeros pueblos que dejase de tener caleyas, quedándole ese nombre de recuerdo.

EL LLOMBO: Se entiende por llombo, en el habla de El Franco, cualquier promontorio del terreno que es un poco más alto dentro de la llanura.

A CRUZ: Dado el cruce de pistas que hay en este lugar, seguramente antiguas caleyas, es de suponer que este nombre se refiere a cruce de caminos. No creo que tenga ninguna referencia religiosa o eclesiástica.

AS NOGUEIRAS: Lógicamente este nombre debe venir de nogales, lugar donde habría muchos nogales, (noceiras, en el habla de El Franco).

PILANDE: No se sabe nada de esta toponimia. Popularmente existe una leyenda, un tanto simpática y no muy creible –como todas las leyendas-. Parece ser, según esa leyenda, que en la antigüedad existía en el lugar un molino de descascarar maíz y trigo en un pilón o pila. Este remotísimo molino-mortero era accionado por unos chavales, y, en la casa del referido molino, vivía una viuda con dos o tres hijas que se iban para con los “molineros”, interrumpiéndolos en su labor de machacar grano. Entonces, la madre, al observar que el pilón-pila no funcionaba, les decía: “Cortejar sí, pero que la “pila-ande”, de ahí el nombre de Pilande.

CAMPOGRANDE: Esta toponimia debe entenderse porque aquella zona era toda un campo muy extenso, que se fue edificando y poblando, como está actualmente. No se encuentra otra explicación.

A PASADÍA: Tampoco se encuentra nada aplicable a esta toponimia, como no sea la pasada (paso), en este caso, pasadía (pasada pequeña) que hay que dar para pasar de Miudes a La Caridad. Es una opinión muy particular.

ARBOCES: Popularmente se decía, y todavía se mantiene, que los vecinos de este pueblo gritaban mucho hablando entre ellos, bien por estar alejados unos de otros, porque reñían o discutían. Por otra parte, a esto contribuía el sonido del eco en los montes cercanos, llegando casi hasta Miudeira. Pero este topónimo no coincide con la ortografía, ya que Arboces la estamos escribiendo con B y no con V, aunque tampoco sabemos que ortografía le puede corresponder. Esto, como digo, es una opinión popular muy antigua. Otro significado resulta todavía más raro.

LLÓNGARA-LÓNGARA: Según Marcelino Fdz., se cree que este topónimo provine de finca larga, perteneciente al marqués de Santa María de Villar. Lóngara-Llóngara, hasta no hace muchos años era una enorme finca o senra agrícola, hasta que poco a poco se fue poblando. En las actas municipales figura castellanizado como Lóngara.

EL COBO: Situado entre Lóngara y La Caridad. Su significado puede referirse a cueva.

EL TRIGAL: Puede suponerse que este lugar, hoy muy poblado, fuera también una finca que se daba muy bien el trigo y la labraran de este cereal casi siempre.

BARREDAL: Puede suponerse que se refiere a terreno barroso o barrento.

PERMENANDE-PORMENANDE: Aparece escrito de las dos formas, pero todo parece indicar que debe ser Permenande, de Pedro: lugar o propiedad de Pedro, por la que andaba.

CAMBAREDO: Popularmente se cree que este lugar, ya que tiene una pequeña playa con muchos peñascos, que era abundante en cangrejos. También se piensa que puede referirse a cambón, (así se llamaba en El Franco) una especie de palo de madera, de unos 3 metros de largo, que servía para que la yunta de vacas tirara por el arado.

LUGAR Y VILLA DE VIAVÉLEZ – (EL PORTO)

VIAVÉLEZ-EL PORTO: Antiguamente, a este hermoso pueblo se le denominaba, con mucha frecuencia, El Porto ( el puerto), cosa que no gustaba a muchos de sus vecinos. Viavélez, según Marcelino Fdz., significa Via-Velae, camino de la navegación, en este caso, parece ser, de barcos de vela, como serían entonces. Hay quien lo relaciona con un tal Velio, completando la toponimia como camino o casería de Velio. En las actas municipales aparece siempre como Viavélez, cosa que no tiene nada que ver con El Porto, en lo que a significado se refiere. Viavélez pertenece a la parroquia de Valdepares hasta el río Vío, y, la otra parte, a la parroquia de La Caridad, a la que asignamos todo el pueblo.

EL PORTO-A RIBEIRA-US CUARTELES: Así le llaman o llamaron a la zona del puerto donde estuvieron y están los antígüos cuarteles de carabineros, cuyos edificios permanecen. Se supone que antes de haber los cuarteles y el puerto, se llamó A Ribeira y, cuando se construyó el puerto, se le denominó El Porto, según el habla del lugar.

SALSEIRAS: Es un pequeño lugar con diminuta playa. Puede deberse su toponimia a sal o zona muy salada.

A TAYADÍA: En el habla de El Franco, tayada significa trozo o pedazo de pan, carne, etc., por lo que es de suponer que este nombre lo haya adoptado como un pequeño “trozo” de Viavélez, dada su situación subiendo por el medio del poblado.

TORRENTINA: Siguiendo la subida a Viavélez de arriba, está Torrentina, cuya toponimia puede significar torrar, tostar o a una pequeña torre que pudo haber allí.

GRANDADISLA-GRANDA DE ISLA: Debe significar isla grande, en este caso, de superficie terrestre grande y estar junto al mar. En las actas aparece escrito de las dos formas.

A SENRA-LA SIENRA: Se refiere a una extensión grande de terreno agrícola. Está castellanizado como La Sienra. Esta zona pertenece también a Viavélez.

ATALAYA: Como decíamos sobre la Atalaya de Valdepares, pudiera ocurrir que por allí existiera alguna torre para vigilar o mirar el pueblo. También pudiera ser que, al estar situado este lugar en lo más alto del pueblo, los vecinos le denominaran como la Atalaya que dominaba todo el contorno.
Aquí finalizamos esta toponimia popular, sin documentación alguna, salvo opiniones que pueden tener un cierto fundamento. Puede que hayan quedado algunos lugares sin citar, algo que es inevitable, dado la gran cantidad de barrios, lugares y pueblos, muchos de ellos muy pequeños. Cada uno que le dé la credibilidad que quiera, estando en su derecho de discrepar y matizar lo que desee, siempre que se trate de significados populares, puesto que, es de suponer, que la mayoría de los nombres de los pueblos son obra de los propios vecinos, como decimos en la introducción, algunos, seguramente, un tanto degenerados por la pronunciación popular.

ANTIGUO HOSPITAL-ASILO DE LUARCA


ANTIGUO  HOSPITAL-ASILO  DE  LUARCA
(Por  Vicente  Pérez Suárez)

       Dado que se habla, con esto de la crisis, del peligro que corre el Estado  de bienestar que estamos disfrutando –de momento- quiero, con este artículo, retroceder a los años cuarenta para darnos una idea, o hacer una comparación, en lo que se refiere a Sanidad, de aquellos tiempos a los de ahora, cuando los que somos del occidente de Asturias nos operaban  en el hospital-asilo de Luarca. Pienso que habrá muchos  que recuerdan esta fundación, situada  en Villar de Luarca y que tanto bien hizo a esta comarca de occidente y al no tener que desplazarse a Oviedo. Estaba atendido por el gran médico de cirugía general, D. Jesús Landeira, que operaba de todo, (el busto de su cabeza se puede ver en los jardines, frente al hospital) ayudado, en ciertas intervenciones,  por otros 2 médicos, creo que eran los Herrero de Luarca. Algo parecido al sanatorio Moreda de Ribadeo, de feliz recuerdo, atendido por su fundador D. Justo Moreda, médico, también de cirugía general,  aunque este era particular y sólo sanatorio,  muy bien situado, también, para el occidente de Asturias. En este artículo quiero referirme al hospital-asilo de Luarca, situado arriba de la villa, -en la hermosa zona llamada Villar- por ser  de Asturias y quizá el más conocido de la comarca. La idea de esta institución benéfica,  inaugurada en 1897, con varios pabellones añadidos posteriormente, salió de la reunión celebrada el 25 de setiembre de 1895 en el ayuntamiento de Valdés, por una serie de señores, entre ellos: Raimundo Camino –párroco de Sta. Eulalia-, Ramón Asenjo, Antonio Suárez Coronas, Francisco Fdz. y Cesar Álvarez Cascos, decidiendo, ante los muchos desvalidos del concejo, crear un centro donde pudieran asilarse las personas sin recursos, cuando ya no pudieran trabajar. En el acta de su constitución se destaca su carácter privado, se forma una Junta Directiva y se establece que podrán formar parte de la asociación todas las personas que lo deseen sin distinción de sexos, si bien  las mujeres tenían un protector en la Junta. El proyecto es, por tanto, de carácter privado y se va manteniendo con suscripciones particulares, entre las que hay  algunos indianos. El vecindario también colabora con pequeños donativos según sus posibilidades. El 22 de marzo de 1897 se recaudan 81.767 ptas., luego se compra el terreno para su construcción en Villar y se piden los planos.   Finalmente, se decide colocar la primera piedra el 8 de diciembre, día de La Inmaculada, a quien se dedica la capilla, y se inaugura oficialmente el 29 de agosto de 1897. Se compran camas, ropas, muebles y todo lo necesario. Un grupo de señoras se encargó, por caridad, de la atención de los primeros enfermos, junto con tres médicos, un capellán, un boticario y las Hermanas de Caridad de S. Vicente de Paul. Había muchos pobres que pagaban un real o dos al mes, sin esperar ningún beneficio, pues se trataba de un hospital de  caridad, sólo para pobres de solemnidad, los que podían tenían que pagar las costas correspondientes, lo mismo que los asilados. Los aldeanos daban patatas, huevos, cebollas, etc. más lo que se obtenía de la huerta. El hospital fue continuando su andadura, añadiéndose nuevos pabellones y servicios. El conjunto fue construido por el arquitecto Nemesio Cobreros de promoción indiana de emigrantes, estilo secesión-racionalista (tendencia que propugna la máxima adaptación de un edificio a la función a que está destinado). Toda la fundación se debe a varios autores: conjunto hospitalario formado por varias edificaciones, realizadas durante bastante  tiempo, situado en Villar de Luarca, junto al área residencial. Presenta planta en forma de V, situándose las edificaciones en los bordes, destinando el espacio intermedio a jardines y huerta, zona de ocio y paseo para los ancianos. La 1ª edificación realizada fue el hospital-asilo de Caridad, en el año 1895-97, construcción simétrica con cuerpo central y dos alas laterales. La 2ª se dedica para pabellón de infecciosos, datada del año 1918, construida por iniciativa de Ramón Asenjo, situada en ángulo con la 1ª edificación. En 1922 se construye la casa del capellán del asilo, situada en la entrada oeste al lado del pabellón Tulio,  costeado por Manuel García Fdz. En 1924 se le añade el pabellón  Tulio, del arquitecto Julio Galán Carbajal, subvencionado por los pachorros (familiares de emigrantes a la Argentina, participantes en la guerra de la Independencia y que tienen una plaza en Luarca “Plaza de los Pachorros”), y costeado por uno de ellos: Manuel García Fdz. y su esposa, dedicado a enfermos pulmonares, en memoria del hijo, fallecido de esta enfermedad. En el año 1930, Ramón García Fdz. financia la construcción del pabellón de cirugía, según planos de Julio Galán y se emplaza conformando la disposición en V de todo el conjunto. Entre los años 1930-31 se realizan construcciones destinadas a laboratorios, centro de higiene y casa del conserje. En 1971 se levantó el edificio para ambulatorio, con apoyo de la aportación testada de Mª Luisa Coat, viuda de Francisco Gerstrug, comunicado con el pabellón Tulio. En 1987 se realiza un nuevo edificio, destinado a habitaciones, en la parte posterior del primitivo asilo, alineado con el ambulatorio, quedando, entre ambos edificios, un espacio libre -aunque el conjunto, como decíamos, ya disponía de capilla, dedicada a la Inmaculada-, en el que, en 1998,  se ubica la nueva capilla, diseñada por F. Gordillo.  Antiguamente estaba atendido por las monjas de Caridad de San Vicente de Paul, cuyo largo uniforme blanco, llevaba una toca o cofia, especie de sombrero de tela blanca muy ceñida a la cabeza, cuyas anchas alas almidonadas sobresalían a cada lado del rostro, unos 25 ctms., teniendo, casi, que entrar de lado por alguna puerta. Este uniforme, con su rara toca, era algo que llamaba la atención. El lugar es encantador: con la edificación en forma de V en la que en un ala se pueden ver el asilo, la capilla, cocinas, comedores y aposentos de los asilados, así como de las monjas que atienden los residentes y enfermos hospitalizados. La otra ala consta del hospital, consultorios y varias estancias más, como el quirófano y otras.  En el exterior se podía contemplar una huerta en la que se cultivaban hortalizas de toda clase para el sustento de los internados, quienes, los que podían, trabajaban en él con todo gusto y esmero. Por el frente de la edificación, se cuidaban diversas plantas florales, formando  hermosos jardines, cuyas flores aromatizaban y embellecían el ambiente y entorno del recinto. Por los años cuarenta yo, personalmente, conocí las 3 monjas –pienso que no había más- : sor Julia, que era la adjunta al médico Landeira, estaba presente en todas las intervenciones y ella misma decía que de tantas operaciones que presenciara, no tendría inconveniente operar si tuviera facultada; era una monja todo atención y desvelo para  los enfermos, siempre sonriente, dinámica y seguridad, que daba mucha confianza. Otra de las religiosas era sor María, quien, con la misma atención y esmero, atendía a los enfermos en todas sus necesidades. La otra, sor Florencia, una mujer muy alta y delgada, de carácter un tanto brusco, pero sólo con aquellos pacientes un poco “rebeldes” o insumisos para los medicamentos y otras atenciones; era, también, la que rezaba el rosario todos los días al atardecer, desde el centro de las salas de habitaciones, pues tenía una voz especial para ello. Creo que había otra llamada sor Blanca, pero no estoy seguro. Como allí se operaba de todo, los cuidados y atenciones eran también muy diversos y complicados, pero siempre con mucha pulcritud, higiene y seguridad. No había nadie que no simpatizara con estas monjas que lo daban todo por el bien y la salud de los residentes. En aquellos tiempos, las intervenciones se hacían anestesiando con cloroformo; las operaciones llevaban su tiempo; el pos operatorio era también bastante largo y doloroso, se pasaba una sed tremenda hasta expulsar el cloroformo: baste decir que, para una operación de apendicitis o una hernia, el enfermo estaba hospitalizado más de 15 días, si las cosas iban bien. La monja de guardia recorría las habitaciones durante toda la noche para ver a los enfermos, darles algún calmante o medicamento y, también, una taza de leche a media noche. En el exterior se veían numerosos ancianos y ancianas paseando en torno a los jardines, contemplando la huerta, tomando el sol o la sombra en los bancos diseminados por las aceras. Algunos, que no debían estar muy bien mentalmente, caminaban como ausentes, hablando solos y un tanto desaliñados. Había también enfermos convalecientes que disfrutaban del lugar y rezaban en la capilla. Durante los días de buen tiempo se notaba mucha actividad por el recinto, tanto de paseantes como personal asistente y trabajando en la huerta.
     
       Todo fue continuando así durante muchos años. Luego vino la Seguridad Social y el conjunto dejó de prestar servicios sanitarios durante un tiempo, sólo funcionaba el ambulatorio. Pero, por los años 1980, se vuelve a instalar un quirófano, donde se  operaba de apendicitis, hernias y otras intervenciones poco arriesgadas, así como un paritorio, quirófano que funcionó durante algún tiempo, atendido por un cirujano, creo que dos médicos y varias enfermeras y auxiliares que lo hacían muy bien. Luego empiezan las dificultades debidas al cambio sanitario de la S. S., nuevas técnicas costosas, más gastos laborales, mayores exigencias de los pacientes y contribuyentes, por lo que se cierra el quirófano y el paritorio. El ambulatorio actual se alquiló, la planta baja, a la Administración, se conciertan las plazas hospitalarias con la Seguridad Social, se enajenan al ayuntamiento de Valdés y al Principado una parcela de terreno donde está situado el pabellón Tulio y otro donde se sitúa el Centro de Salud Mental. Después de unos años de vaivenes  con el Insalud, el área hospitalaria se cierra, manteniéndose sólo el asilo, que es lo que sigue funcionando. A lo largo de los años, las diferentes edificaciones se modifican y se llevan a efecto numerosos añadidos.

        Hasta aquí esta recopilación que he logrado de este hospital-asilo de Luarca que, puede decirse, fue ejemplo de atención, tanto sanitaria como de morada de ancianos y personas desvalidas y muchas sin familiares, haciendo de estos y sus atenciones, sus cuidadores y personal sanitario, tanto para aquellos que tenían posibilidades como para los que carecían de medios económicos. Allí continúa todo el conjunto, con sus edificaciones, jardines y huerta, aunque ya no se ven las monjitas con sus tocas de anchas alas. Aquí dejamos el testimonio benéfico de este hospital-asilo ideado y sufragado por muchas personas de la vecindad del concejo de Valdés y, como siempre, por indianos que continuamente estaban al tanto de estas fundaciones de caridad, al objeto de prestar su colaboración económica. Son muchos los testimonios de agradecimiento de personas que pasaron por él, bien para ser intervenidas de una enfermedad o asiladas.




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SOBRE LA TOPONIMIA DEL NOMBRE DEL CONCEJO DE EL FRANCO

SOBRE LA TOPONIMIA DEL NOMBRE

DEL CONCEJO DE EL FRANCO


Aunque en mi libro “Antes y ahora del concejo de El Franco” -del autor de esta obra-, se hace una breve alusión al topónimo del nombre del concejo, resultando esta alusión, por razones de espacio, muy poco explícita para un tema tan amplio y oscuro como puede ser la investigación del posible origen y significado de El Franco, nombre con el que se conoce nuestro municipio desde que se emancipó de Castropol en el año 1584, por iniciativa de D. Diego García de Valdepares, comisionado y representante del concejo en la firma de dicha redención o emancipación. Por estas razones, digo, y la importancia del tema, vamos a tratar de ampliarlo en este artículo.

El concejo ya estaba separado de Castropol, con límites propios, cuya capital era Suero (Sueiro); pero, para tener verdadera independencia, fue preciso redimirlo y comprar su independencia o libertad, otorgándose, al referido comisionado, la correspondiente escritura en Madrid, el 13 de marzo de 1583. El concejo estaba formado entonces por las parroquias de Miudes, Prendonés, Mohices, Valdepares y El Monte (hay que tener en cuenta que Miudes abarcaba también los pueblos, hoy parroquias desde el año 1796, de Arancedo y La Braña).

Una vez redimido el concejo, parece ser que D. Diego García de Valdepares lleva la capitalidad del municipio, que, como decíamos, estaba en Sueiro, para cerca de su casa, la Torre de Valdepares, reconstruida en 1907 y destruida por un incendio, en 1996. Ya tenemos el Ayuntamiento trasladado a Valdepares, al pueblo hoy conocido como EL FRANCO, y es aquí donde surgen las incógnitas y las preguntas; pero, de momento, dejamos aquí estas incógnitas que puedan surgir, y pasemos a transcribir unos fragmentos del interesante escrito de D. Perfecto Rodríguez Fernández, profesor de la Universidad de Oviedo, publicado en un Boletín del Instituto de Estudios Asturianos, sobre el origen del nombre del concejo de El Franco y La Caridad, que ha tenido a bien poner a mi entera disposición. (En este tomo 1º nos referiremos sólo a El Franco, ya que el topónimo de La Caridad lo dejamos para el 2º tomo de esta Crónica, que comprenderá desde 1951 a 2001). El escrito de referencia dice así, literalmente:

“...Sobre el significado del nombre de El Franco han aparecido ya algunos comentarios marginales, naturalmente superficiales, por tratarse de publicaciones con una temática más amplia, no monográfica, si exceptuamos unas “Conjeturas acerca de la nomenclatura de El Franco” publicadas en 1965 por el P. Gregorio Martínez Cabello, que rayan en lo fantástico al suponer, sin base argumental suficiente, que S. Francisco de Siena peregrinando a Santiago moró durante algún tiempo en calidad de ermitaño en este territorio, que por ello recibió su nombre.

En general, tomando como base alguna sugerencia hecha por Uría Ríu y Antonio Floriano hace algunos años, se llegó a pensar que este topónimo podría ser altomedieval y estar relacionado con las peregrinaciones a Santiago. El Franco recordaría el paso y posible asentamiento circunstancial de peregrinos francos procedentes de toda Europa en sus idas y venidas a Santiago de Compostela y S. Salvador de Oviedo. Es totalmente cierto que en algunos casos concretos referidos a Asturias (Tineo y Grado) y otros territorios peninsulares los lugares que reciben estos nombres (Franco, Francos, etc.) tienen este origen, confirmado por su aparición en la abundante documentación altomedieval o posterior en contextos que favorecen esa interpretación.

Pues bien, lo cierto es que examinada atentamente toda la documentación medieval asturiana publicada con el fin de avalar documentalmente u obtener alguna pista que pudiese confirmar la hipótesis primera de los profesores Uría y Floriano, en el caso concreto que nos ocupa el resultado ha sido negativo en el sentido de obligarnos a desecharla por no haber encontrado ninguna referencia directa o indirecta a tales topónimos, a pesar de la abundante documentación sobre este ámbito geográfico. Ha habido también un aspecto positivo: nos condujo a un estudio de la historia más reciente del concejo que pudiese ilustrar el verdadero origen, desvaneciéndose así el espejismo primero motivado razonablemente por el sentido común y la autoridad de los profesores que lo motivaron.

En la Alta Edad Media el actual territorio de El Franco, con sus tierras y villas (caserías o pequeños núcleos de población rural) pertenecía prácticamente en su totalidad a los monasterios de Miudes y Cartavio, pasando estos cenobios después de un periodo de cierta autonomía a depender con todos sus haberes y pertenencias del monasterio de Corias y S. Salvador de Oviedo respectivamente. Sobre estos núcleos monásticos y su zona de influencia existe suficiente documentación que nos permite conocer detalles tan concretos y curiosos, como los ganados (el número de vacas, bueyes, yeguas, ovejas, etc.), el nombre y apellidos de los siervos de S. Juan de Prendonés o de los cautivos moros de Cartavio, y los lindes concretos del dominio monástico de Miudes en aquellos lejanos tiempos. Desde este punto de vista geográfico y toponímico es también de agradecer el escrúpulo con que el notario de turno redactó los documentos referentes a Cartavio o la diligencia con que hizo sus anotaciones el monje de Corias que compuso el Libro Registro en lo que concierne al monasterio de Miudes. Pues bien, en ninguno de estos documentos de los siglos X al XIII aparece el topónimo que comentamos o algún indicio que pudiese explicar su aparición posterior. En cambio sí son frecuentes los nombres de accidentes geográficos de todo tipo (montes, ríos, etc.) y sobre todo lugares (entidades de población o villas en la acepción latina del término) fácilmente identificables con los actuales por no haber sufrido apenas evolución ni contaminación alguna. Limitándonos simplemente al litoral por donde discurre la actual carretera Oviedo-La Coruña a su paso por los municipios de Coaña y El Franco, por donde aproximadamente pasaba una de las vías de peregrinación a Santiago, llamada también camino francés y más tarde camino real, esta documentación señala los ríos Navia, Ermezana, Vio y Purzia, y los nombres de lugar siguientes: Madias (Mohías), Felgueras (Folgueiras), Garrio (Jarrio), Cartavio, Miudes, Castellum de Aquilare (Castello), Arvoces, Moizes (La Caridad), Merles (Mernes), Purzia (Porcía), etc.. En esta ruta debería estar, de ser antiguo, El Franco que, como acabamos de ver, no aparece.

Haciendo, pues, un primer balance a modo de resumen podríamos llegar a la conclusión siguiente: el topónimo El Franco no aparece ni en la documentación altomedieval escrita básicamente en latín, ni en la romance posterior que hemos podido consultar hasta el siglo XVI. Por lo tanto, parece que el actual nombre de lugar de la parroquia de Valdepares, llamado El Franco, donde estuvo el ayuntamiento del mismo nombre antes de su traslado a La Caridad, no es anterior al siglo XVI y no tiene nada que ver con los francos peregrinos a Santiago y mucho menos con S. Francisco de Siena como escribió el P. Martínez Cabello.

Descartado el origen antiguo, supuestamente medieval, del topónimo de El Franco, ¿cuál podría ser el origen real a la luz de la historia y las tradiciones posteriores?.

La palabra Franco puede tener básicamente tres acepciones que justifiquen su origen toponímico:

1.-Podría significar, como ya hemos visto, “individuos francos” procedentes de allende los Pirineos: peregrinos de Francia y resto de Europa, mercaderes, caballeros voluntarios que venían a pelear contra los moros, extranjeros simplemente, etc.(Hipótesis más generalizada, válida para otros lugares de Asturias, que hemos descartado en nuestro caso tras atento examen de la documentación medieval y posterior).

2.-Procedente de una persona llamada Franco. (Hipótesis del P. Cabello que hemos desestimado por descabellada).

3.-En su acepción etimológica significa “hombre libre”, frente a siervo. De aquí procedería su posterior significado de “individuos o lugares que gozaban de ciertos privilegios o se emancipaban de algún poder o control administrativo consiguiendo la franquicia o libertad”.

Este último es precisamente el significado concreto que tiene la palabra que da nombre al municipio de El Franco y al lugar del mismo nombre de la parroquia de Valdepares donde estuvo la capitalidad hasta mediados del siglo XIX. El hecho histórico que dio lugar a esta denominación aún está en la mente de todos los habitantes del concejo, que en 1.984 conmemoraron con espléndidas fiestas los cuatrocientos años de la consecución de la franquicia o libertad de la Obispalía de Oviedo, concedida por Felipe II con fecha 13 de marzo de 1583 y efectos del año siguiente de 1584 en que se produjo la toma de posesión. Así el concejo, reconocidos sus fueros y privilegios, empezó a tener vida propia y cierta autonomía e independencia. La satisfacción de los habitantes de entonces quedó reflejada en la leyenda que aparece en la piedra de armas que a partir de aquel momento presidió el ayuntamiento: FRANCO POR EL REY – LIBRE POR SU LEY.

Hasta entonces el concejo, adscrito a Castropol bajo la jurisdicción de los obispos de Oviedo, se había llamado de Suero por estar allí su capital. Naturalmente este topónimo, con esa misma forma, Suero, sí aparece en la documentación medieval y en el Asiento Real que concedió la emancipación al “concejo y villa de Suero”. El prestigio de Diego García de Valdepares por el éxito obtenido al ser comisionado por los habitantes del concejo para ir a Madrid a comprar la independencia, franquicia o libertad de la mitra de Oviedo debió condicionar el traslado de la capitalidad a un lugar cercano a la casa que habitaba, recibiendo este nuevo lugar, cuyo nombre anterior no consta, y el término municipal, ya franco, es decir, libre, el nombre de El Franco, que aparece por primera vez como lema de su escudo. Efectivamente, el traslado fue inmediato. Las ordenanzas que se dio el concejo más tarde, en 1.699, en su apartado segundo lo indican claramente al señalar que la elección de los cargos municipales ha de ser en “la villa de del Franco, la cual es y ha de ser cabeza de jurisdicción como después que se hizo la redención del concejo y se dio la posesión se ha usado y se usa”. Por tanto, el traslado de la capitalidad de Suero al lugar que se va a llamar El Franco se produjo inmediatamente después de la toma de posesión de la franquicia en 1.584, empezando a llamarse Franco a partir de esa fecha el término municipal en su conjunto y el lugar de asentamiento de las nuevas dependencias municipales”.

Hasta aquí la interesante información del Sr. Rodríguez Fernández, avalada por, según él, abundante documentación. Sin embargo, como voz popular y ciudadano de a pie, voy a permitirme, como decíamos al principio de este escrito, exponer algunas sugerencias y preguntas que parecen surgir de la referida información y otros escritos y opiniones sobre este mismo tema, sin que ello signifique menosprecio, crítica, ni, mucho menos, poner en duda la amplia transcripción documentada del referido exponente, digna de tener muy en cuenta, como no podría ser de otra manera. Sugerencias, éstas, que pudieran aportar alguna luz o idea que pueda, en cualquier caso, dar más solidez a la toponimia de El Franco, un tanto oscura, por la información bastante deficiente y complicada que existe.

Lo primero que se observa en el referido escrito, es que, en la documentación consultada, aparecen citados todos los pueblos desde Navia a Porcía, excepto Lóngara (Llóngara), S. Pelayo, e, incluso, Valdepares, y, por supuesto, El Franco; es decir, después de dejar sin citar a Lóngara, menciona Mohices (La Caridad) Merles (Mernes) y, de aquí pasa a Purzía (Porcía), sin mencionar para nada S. Pelayo, Valdepares, y, claro, El Franco. ¿No existía ninguno de estos pueblos ni, tampoco, El Franco? ¿era El Franco una prolongación de Porcía, Valdepares o Mernes (ya que Valdepares ni S. Pelayo no se mencionan), sin ningún otro nombre?. La piedra de armas que tenía el Ayuntamiento en El Franco con la inscripción “FRANCO POR EL REY – LIBRE POR SU LEY”, que es la misma que tiene hoy el anterior edificio del Ayuntamiento, en La Caridad, ¿es la misma que tenía en Sueiro?, puesto que no se puede afirmar, según Marcelino Fernández, que sea o no sea la misma. Si es la misma piedra, tuvo que ocurrir una de estas tres cosas: que ya tuviera esa leyenda, por lo que continuaría con ella hasta la actualidad, descartando, en este caso, toda relación de la referida leyenda con la franquicia que se le atribuye; que tuviera otra leyenda o ninguna y se le cambiara o pusiera el lema que actualmente tiene, “FRANCO POR EL REY – LIBRE POR SU LEY”, cuando el concejo fue liberado y asentado en la zona de El Franco. Si no es la misma, cosa que no se sabe, lógicamente la piedra sería construida con la actual leyenda cuando la emancipación del concejo, por lo que no habría más problema. Por otra parte, cuando se emancipó El Franco, supongo que otros concejos también optaron por la independencia, quedando, por tanto, igualmente libres de impuestos, ya que la Ley sería igual para todos; sin embargo, parece que ninguno optó por poner ese nombre de Franco a su concejo; es más, algunos pueblos de los concejos de Tineo y Grado llamados Francos, por el contrario, sí se atribuye su toponimia a “individuos francos”, peregrinos franceses y otros puntos de Europa, toponimia que descartamos para nuestro concejo. Es cierto que El Franco tuvo que regocijarse al quedar liberado, con sus privilegios, de la Obispalía de Oviedo, pero también se sabe, o se intuye, que después tuvieron que pagar más impuestos al Estado que estaban pagando a la Iglesia, ya que aquel necesitaba mucho dinero para las guerras que venía sosteniendo, por lo que se deduce que este regocijo era sólo por la libertad y algunos privilegios que esto llevaba consigo. En lo que respecta a la hipótesis del Padre Gregorio Rodríguez Cabello, relacionando a San Franco de Siena (no S. Francisco) como posible protagonista del nombre de El Franco por permanecer durante algún tiempo en este pueblo, es significativo que exista una imagen de este Santo en la iglesia de Miudes (S. Franco), pues parece que no se conoce en Asturias, ni fuera de ella, semejante imagen con este nombre; aunque esta hipótesis puede resultar ciertamente fantástica, lo cierto es que la imagen de S. Franco (no S. Francisco) la tenemos en Miudes, sin que nadie haya explicado por qué, precisamente, se encuentra entre nosotros; aunque también pudiera ocurrir que, ciertamente, este hombre estuviera por estas tierras, sin más influencia en nuestro concejo que su santidad, hacer penitencia, ser, simplemente, una leyenda o la posibilidad de que el nombre de S. Franco sea una abreviatura de S. Francisco. Por otra parte, las ordenanzas de que se habla fueron redactadas en el año 1699, nada menos que 116 años después de la emancipación del concejo, y fueron ratificadas por el Ayuntamiento y el vecindario 80 años más tarde, en 1779, al no aceptarse una reforma de las mismas que pedía la Diputación Provincial, por lo que no parecen tener relación, dichas ordenanzas, con la toponimia del concejo.

Las manifestaciones festivas del año 1984 fueron la conmemoración del 4º Centenario de la independencia o libertad del concejo y que nada tuvieron que ver con su toponimia, a parte de que la mayoría de los habitantes del municipio ni se enteraban de tal centenario. Por todo ello, los más de 400 años transcurridos, documentación desaparecida y la que hay muy deficiente, no parece resultar fácil asegurar el significado del nombre de El Franco que tiene nuestro concejo, y cualquier conjetura de las expuestas puede tener algo de realidad; aunque, ciertamente, la exposición del Sr. Rodríguez Fernández y otros autores, puede ser, de momento, la más lógica, pero habría que explicar las incógnitas, sugerencias y preguntas que en este escrito se exponen como voz popular, lo que no resulta nada fácil por no existir documentación fehaciente al respecto para poder asegurar si el escudo que hoy tenemos en La Caridad es o no el mismo de Sueiro (saberlo sería muy importante) y si el pueblo de El Franco dio nombre al concejo o el concejo dio nombre a El Franco. Qué fue lo que ocurrió primero.

No obstante, por si lo anteriormente expuesto no fuera muy creíble, tenemos también el testimonio, no sé si con suficiente credibilidad, de D. Bernardo Acevedo, sobre la investigación del topónimo de El Franco.

Copiamos literalmente del libro “Boal y su Concejo” de D. Bernardo Acevedo, el siguiente fragmento de las páginas 81, 82 y 83 de su libro:

“... El canónigo Posada dice que todo el territorio de Boal pertenecía a Castrillón y que la Mitra ponía allí un alcalde para los lugares que componían el anejo de Castrillón.

Creemos que esta noticia está equivocada y que lo que el canónigo Posada ha querido decir es que Boal pertenecía á Castropol (no á Castrillón) y que en Castropol ponía el Obispo un Merino, más tarde Alcalde que gobernase los lugares que componían el concejo de Castropol.

Porque de tomar á la letra el texto de Posada caeríamos en el absurdo de poner lo anejo como cabeza de lo principal, é iríamos contra la verdad demostrada de que Castropol y su alfoz (y en esta alfoz estaba Boal) fué gobernado por un Merino Castellero, ó Tenedor de la casa-forte, Merino que después cambió su nombre por el de Alcalde mayor. Al comenzar el siglo XVI - y aquí está la cuestión de nuestra investigación- ya la tierra de Ribadeo aparece dividida en cinco concejos, que eran Castropol, Piantón, Barres, Franco y Grandas, y sabemos que Boal é Illano correspondían al Franco, lo cual no hubiera sucedido de estar Boal sometido al Alcalde episcopal que Posada supone puesto en Castrillón.

Subsistieron estos organismos concejiles con su Alcalde Mayor, sus Jueces, Alcaldes ordinarios, Alcaldes de Hermandad, Regidores, Alguacil mayor, Notarios y Andadores, siendo la voluntad del obispo la ley municipal entonces vigente, hasta Felipe II que habiendo obtenido de la Santidad de Gregorio XIII rescripto para “desmembrar y vender perpetuamente cualesquiera villas, lugares y jurisdicciones con las demás cosas temporales anejas á las santas iglesias de estos reinos, tuvo á bien desmembrar de la dignidad episcopal de Oviedo las tres feligresías de Santa María Magdalena de Doiras, Santa Marina de Serandinas y Santiago de Boal, con su anejo de Castrillón, que componen el concejo de Boal, con sus vasallos, términos y jurisdicción civil, criminal, alta, baja, mero y mixto imperio, rentas jurisdiccionales”, etc.

Esta es la referencia del Sr. Acevedo, en la que parece demostrar que El Franco existía a principios del siglo XVI, incluso como concejo y al que pertenecían, cosa casi inaudita, Boal e Illano; aunque sometidos a la Iglesia, es decir, que todavía no eran independientes, ya que El Franco no lo fue hasta finales del siglo XVI, en el año 1584, pero sin Boal e Illano, ya que estos lugares lograron también su emancipación por esa misma época. Todo esto demuestra, de alguna manera, que El Franco existió como pueblo, concejo o lo que fuese, antes de ser redimido o independizado el municipio, por lo que nos viene a confirmar, si esto es así, que el nombre de El Franco nada tiene que ver con su independen

Asimismo, copiamos literalmente (excepto ciertas abreviaturas) la descripción que hace del concejo de El Franco, Pascual Madoz, en el tomo correspondiente a Asturias, de su interesante Diccionario Geográfico, Estadístico e Histórico de España, publicado en 1845-50:

“El Franco: ayuntamiento en la provincia, audiencia territorial y diócesis de Oviedo (17 leguas), partido judicial de Castropol capitanía general de Castilla la Vieja (63 ½ á Valladolid). Situado al N. de la provincia, en la costa del Océano Cantabrico, con buena ventilacion, y clima bastante sano. Comprende las feligresias de San Cipriano de Arancedo; Sta. Maria de la Braña; Sta. Maria de Miudes; Sta. Maria de Mohices; Sta. Maria del Monte; San Juan de Prendones; y San Bartolomé de Valdepares: advirtiendo que el lugar de Lebredo pertenece a la feligresía de Arancedo, y á la de Cartavio en el ayuntamiento de Coaña. La municipalidad reside en el pueblo del Franco, feligresía de Valdepares. Confina el término municipal por el N. mar Cantabrico; por el E. ayuntamiento de Coaña; por el S. el de Boal, y por el O. con el de Castropol. Le cruzan de S. á N. 3 riachuelos, que en direccion casi paralela van á desaguar en el océano: y en varios puntos brotan fuentes de esquisitas aguas que sirven para beber y otros usos. El terreno en lo general es llano y fértil: hácia el S. y O. Tiene montes de diferentes magnitudes, donde se crian castaños, robles, pinos y otros árboles, hallándose tambien muchas y sustanciosas yerbas de pasto. Los caminos son locales y en mediano estado; el correo se recibe de Navia 3 veces á la semana. Produce cereales, lino, patatas, legumbres, hortaliza, garbanzos y castañas: hay ganado lanar, cabrio, de cerda y el vacuno preciso para las labores: caza de liebres, conejos y perdices: y pesca de varias especies en los rios, realizándose la de atun, besugo, mujol, congrio, sardina, pulpo, etc., en el mar. Industria: agrícola, telares de lienzos ordinarios y molinos harineros. Comercio: estracion de lienzos, jamones y pesca, é introduccion de géneros de vestir y comestibles necesarios. En Valdepares se celebra una feria mensual, cuyas principales especulaciones consisten en ganados, especialmente de cerda, y en géneros y frutos del pais. Población: 864 vecinos, 3.952 almas: riqueza imponible: 925.567 reales. Contribucion: 62.293. Habiendo satisfecho por la de inmuebles 72.562 reales.

“El Franco: lugar capital del ayuntamiento de su nombre en la provincia y diócesis de Oviedo, partido judicial de Castropol y feligresía de San Bartolomé de Valdepares”.

De esta descripción de Pascual Madoz y demás opiniones expuestas en este artículo, sobre la toponimia de El Franco, cada uno que delibere, coteje y obtenga las conclusiones que, de dichas opiniones, se deriven.